sábado, 15 de octubre de 2011

Pan de Molde estilo Casatiello.


Primer resfriado de la temporada. Así que toca tomárselo con calma y tirarse en el sofá. De momento estamos a principios de curso, y aunque tengo ensayos y esas cosas, este finde descanso. Así que me cogí el portátil (por cierto, Pepita pulgarcita no resucitó en la tienda, pero mi padre se la ha traído y la ha vuelto a poner en coma. Algo es algo).

Así que entre blog y blog de recetas, saltando de uno a otro por los blogrolls de las demás, encontré que Pikerita había hecho un Casatiello, un pan relleno italiano muy especial, pero ella lo ha adaptado para hacerlo sin gluten y sin ingredientes extraños. Así que me apeteció tanto que, con fiebre y todo, me metí en la cocina, porque es muy, muy sencillo. Si queréis saber algo de la historia también podéis visitar a CocinArte, que también lo hizo sin queso.


En mi caso la he adaptado para eliminar también los lácteos, y simplificando un poco, tampoco le he puesto los huevos duros por fuera. Por lo demás, la receta es casi igual que la de Pikerita:

Ingredientes.
  • 350 cc agua
  • 4 huevos
  • 10 gr. sal
  • 300 gr. harina de arroz
  • 200 gr. harina de garbanzo
  • 4 sobres dobles de gasificante
  • Chorizo sin gluten y sin lactosa de Torrecillas de la Tiesa (Trujillo)
  • Orégano y nuez moscada


Preparación:
  1. Echamos el agua, la sal y los 4 huevos en el vaso de batidora. Batir medio minuto. 
  2. Mezclamos bien en un bol aparte (bien grande) las harinas y gasificantes. Añadir a la mezcla anterior y mezclamos con varilla. Empezará a espumar. añadir un puñadito de orégano.
  3. Echamos la masa en un molde,  previamente untado de aceite de oliva, la mitad de la masa.
  4. Echamos, repartiendo, la mitad del chorizo en cuadraditos o picado en la picadora (¡amo a mi picadora!)
  5. Echamos el resto de la masa y por encima unos cuadraditos de chorizo para que queden a la vista. Espolvoreamos un poco más de orégano por encima, y en mi caso, como el chorizo lleva nuez moscada en el aliño, le he puesto una pizquita de nuez moscada para potenciar su sabor.
  6. Introducimos en el horno precalentado a 200º unos 30 minutos. Pasado este tiempo, habrá subido bastante; deberíamos pinchar con un cuchillo para asegurarnos de que está hecho también por dentro. En mi caso tuve que dejarlo 10 minutos más. 
  7. Se saca del horno, se desmolda y dejamos enfriar un poco antes de atacar sin piedad. 

¡ Soy muy feliz! Por eso lo digo públicamente: ¡¡Cómo te quiero,Pikerita, por esta maravillosa y riquísima receta!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Diarios de Viajes. Aldeacentenera. Ruta de los Molinos por el río Almonte.

Entre Martines y Martas. 
Nueva ruta, esta vez por las Extremaduras indómitas, esas Extremaduras aún por explorar, y que conservan la belleza de las cosas salvajes, una belleza fuerte y desgarradora que inunda el alma del explorador y conmueve lo más profundo. Creo que algo así tuvieron que sentir los grandes descubridores de América.

Esta vez, nos internamos aguas abajo en el río Almonte, Aldeacentenera, en busca de las raíces de Mugen.  En busca del molino que fue de su abuelo, y donde se crió su madre no hace tanto.


Capítulo 1.  El Río Almonte.

Hicimos un pequeño esfuerzo y nos levantamos al amanecer, para no llegar muy tarde al río Almonte, en su paso bajo el puente nuevo. Dejamos el coche en el apartadero, en la margen izquierda, cerca del antiguo vado y echamos a andar junto a la corriente, río abajo.
Río Almonte, tempranito por la mañana
Primero tuvimos que buscar un lugar entre los rollos del río para poder cruzar, ya que la primera parte de la ruta transcurre por la margen derecha. A todo  esto, no hay indicaciones ni nada: sólo seguimos las rutas abiertas por el ganado y los pescadores, que son los únicos pobladores de estas zonas.

Justo cuando alcanzábamos la otra orilla, vimos nuestra primera pareja de  martín pescador (Alcedo attis) volando con su brillante plumaje verde esmeralda a la pálida luz de la mañana brumosa.
Lo sé, es pequeña y borrosa... pero estos bichos corren que se las pelan
 Andábamos despacio,con cuidado de no levantar la voz, y observábamos los primeros petirrojos (Eritacus rubecula) de la temporada que deben de acabar de llegar. Estos migradores vienen del norte a pasar el invierno en nuestras dehesas, y a ponerse gorditos y prepararse para la crianza. Los petirrojos se cruzan con los papamoscas cerrojillos (Ficedula hipoleuca) que bajan al sur huyendo de nuestros fríos invernales. No pude afotar al petirrojo que no dejaba de marcar nuestra posición con su canto aflautado.

Papamoscas cerrojillo (fijaos en la mancha característica)

Tarabilla adormilada
 A la altura de la primera pesquera, donde se divide el río para desviar un cauce de agua para el molino, una tarabilla pensativa (Saxicola torquata) parecía admirar las luces mortecinas de la mañana temprana, mientras nosotros buscábamos un lugar para pasar al medio entre los dos cursos de agua. Entrábamos en los dominios del molino de Tío Venancio, el primero que se encuentra río abajo desde el puente del río Almonte.


 Capítulo 2. Entre los pastores de árboles del Tío Venancio. 
Una vez ganado el terreno entre el cauce desviado y el río, que según las leyes antiguas es terreno propiedad del molinero, echamos a andar por en medio de lo que se suponía había sido el huerto del Tío Venancio. Los árboles de aquel huerto tenían un diámetro y una altura increíble; parecían ents durmientes, a la espera de un nuevo mago que combatir...

ACTUALIZACIÓN: Es una dehesa de fresnos, la cual es bastante infrecuente en Extemadura. 

Yo en el regazo de un primo ibérico de Bárbol


Se podía sentir la vitalidad de aquellos vetustos árboles y recordé una frase del hobbit Merry, en el Señor de los Anillos: "¿Te acuerdas del Bosque Viejo, donde acaban los Gamos? Cuenta la tradición que algo en el agua los empujaba a crecer altos, y a cobrar vida. Árboles que susurran, hablan entre ellos y pueden moverse."


Bosque Viejo del tío Venancio
Mientras atravesábamos aquel estupendo huerto, rodeado de agua por ambos lados, vimos una collalba, creo que gris (Oenanthe oenanthe) enredando entre las ramas de uno de los ents. Pero fue complicado verla claramente, porque era muy esquiva. Casi podíamos sentir el susurro de los árboles. La antigüedad de aquellos pies nos dejaba asombrados a cada paso; el aire que se respiraba casi olía a sagrado, a veneración.  De muchos de los árboles caían verdaderas barbas de líquenes (Pippin habría dicho: "¡Mira todas esas barbas y patillas que se arrastran! Desaliñados. No alcanzo a imaginar qué aspecto tendrá aquí la primavera, si llega alguna vez; menos aún una limpieza de primavera").
Cruzamos una cerca de piedra para poder continuar nuestro camino, ya que el sendero que transcurría junto al río estaba invadida por las zarzas. No tiene mucha pérdida: solo hay que seguir aguas abajo, entre los dos cauces (el del río y el del molino).
 Un ratito después encontrábamos la primera casa del molino de Tío Venancio (allí en el pueblo, todas las personas con una cierta edad son llamadas con el título "tío" o "tía", independientemente de que exista o no algún tipo de parentesco real).  

En total, había unos cuatro habitáculos; sospechamos que uno sería la cocina, otro la casa, algún tipo de almacén y unas cochiqueras que se conservaban muy bien. Estos eran los módulos "habitables", podría decirse: donde se hacía la vida. 

Cochiqueras del tío Venancio
Si se continua río abajo, podemos encontrar las construcciones del molino propiamente dicho. 
Molino del tío Venancio
Como puede verse, el molino está muy bien conservado. Sólo faltan los tejados, que eran de madera y tejas, y que están derrumbados en su totalidad. No es muy peligroso adentrarse en ellos, si no se toca nada. En la foto de abajo puede verse cómo debería llegar el agua por el cauce de la derecha, girar 90º y entrar en el molino por dos conductos, para mover sendas piedras de moler.

Disposición del molino del tío Venancio.

Al llegar al molino, nos asomamos desde la terraza natural para ver el río: nuestra sorpresa fue enorme cuando descubrimos a otra pareja de martines pescadores, a tan sólo tres metros por debajo de nosotros; fue intentar sacar la cámara, y desaparecer con su vuelo fugaz y su brillo azul-verdoso. El río allí hacía un remanso y estaba muy calmado. El bosque en galería que nos rodeaba creaba una atmósfera casi mágica.
Entramos en el molino del tío Venancio y encontramos las piedras cubiertas de hojarasca y ripios. Cualquiera diría que estas piedras giraban gracias al movimiento que les transmitía un largo eje, movido por unas palas desde abajo con la fuerza del agua desviada del río que venía por el cauce que veníamos siguiendo. Sólo con ver las dimensiones de la piedra y su peso, y la profundidad hasta la que se introducían los álabes da una idea del estruendo que tendría que haber en aquella habitación, con las dos ruedas de molino girando para hacer harina. Imagino el olor del trigo molido, el sonido del roce piedra-con-piedra, y el estruendo de la fuerza del agua en las acequias, el chirriar de las compuertas de hierro, la actividad del molinero acarreando sacos de grano y de harina, las conversaciones, la luz que entraría por las ventanas... parecían fantasmas de un pasado que realmente, no es tan lejano. Una inscripción en un lucido de una pared tenía garabateado el año 1953.
Eje visto desde lo alto de la piedra

Álabes semienterrados y el eje que transmitía la energía motriz del agua a la piedra del molino

Piedras de molino

Nos sentamos a comer algo y a descansar en la puerta del molino, a la sombra de un árbol-ent que se había vuelto "arbóreo" cantando, o gritando, quién sabe.
Ent cantando
 Mientras nos acomodábamos sobre los canchos que afloraban por todos sitios, muchos cubiertos de agradable y blandito musgo, escuché un ruidito que provenía del árbol cantante. Cuando la vi salir, pelirroja, con sus orejas de miki maus, su larga cola peluda y su carita de fisgona, con una expresión descarada que hacía más gracia aún. ¡Se trataba de una Garduña, Martes foina! Rápidamente le alcancé a Mugen la cámara para que le echase una foto, ya que estaba en mejor posición que yo, pero tras mirarnos y olisquearnos, decidió que no quería ser amiga nuestra y se marchó. Tan sólo pudimos conseguir esto:

Martes foina.
Lo sé, no es mucho, pero os puedo decir que era una garduña, aunque al principio pensé que era una marta (Martes martes). Según la guía de mamíferos, el babero blanco la distingue muy bien de la marta, aunque no estaba tan acusadamente dividido como dice. De todas maneras, mirando fotos en gugle he visto toda la variedad de manchas blancas. Sé que era blanca, y no amarilla. Además, se supone que es un animal muy adaptable, que no tiene problemas para vivir en ambientes rurales (molinos y ruinas por ejemplo...).

Fue emocionante. ¡Mi primer mustélido (vivo y salvaje)! A la pobre debimos de despertarla, ya que las garduñas son animales muy nocturnos. Cuando nos asomamos al árbol-ent descubrimos que era parada suya habitual, pues lo tenía bien marcado por todas partes con excrementos y restos de sus presas.

 Capítulo 3. En busca de las raíces. El Molino del abuelo Teodoro.
Tras el descanso y la emoción del encuentro con la garduña, continuamos la ruta. En este punto se hace un pelí difícil, ya que no tiene pinta de haber sido transitada desde aquí desde hace mucho, mucho. Matorrales y zarzas cortan un poco el paso aquí y allí, pero se pueden apartar fácilmente, siguiendo el camino de cabras que serpentea junto a la orilla del río. Poco después nos encontramos un cráneo y restos del pelaje y los huesos de un jabalí (Sus scrofa) muy bien conservados, que confirman su presencia por estos parajes junto con los agujeros escarbados que vimos cerca de algunos arbustos, probablemente para buscar tubérculos.

Mucho más adelante la vegetación se abre. Encontramos la pesquera del abuelo de Mugen, donde dice que pescaba con redes desde una barquita. Parecía bastante profunda. Mugen me contó que los molineros se ganaban  realmente la vida con el huerto y lo que sacaban del río.
Tras un trecho que me pareció infinito, vimos el desvío del río hacia el cauce que lo conducía al molino. Cruzamos una pradera donde pastaba un rebaño de vacas que nos miraron un poco antes de seguir a lo suyo, y nosotros nos metimos en el cauce para ir a la sombra de los ents que vivían en el huerto del abuelo Teodoro. 

Pronto encontramos las casas. Teníamos un chozo redondo, en cuyo interior aún sobrevivían los restos de una chimenea, incluso con una sartén colgada, una carretilla y algunos útiles que me hicieron sentir la presencia de los antiguos habitantes del molino. Miré a mi alrededor y admiré el paisaje. Verdaderamente me hacía sentir pequeña. Las colinas estaban cubiertas de una dehesa asalvajada entre la que se veía asomar enormes canchos de piedra caliza. No  se veía una torre de luz en ninguna parte del horizonte. No se escuchaba ni siquiera el rumor de la carretera. No había basura de domingueros (tan omnipresente en nuestros campos, por desgracia).

Tan solo se escuchaba el piar de los pájaros, el viento en las copas de las encinas y el chirriar de algunos saltamontes. Me imaginé que aquél paisaje era el que veía todos los días al levantarse la madre de Mugen, inmutable, con una hermosura que me dejaba sin palabras y sin respiración.
He tardado muchos años en darme cuenta de que esta tierra tiene una belleza indómita; he tardado en aceptar que precisamente este aislamiento es el que ha permitido conservar todos estos paisajes, aún por descubrir, pero que no te dejan nunca indiferente.

Parte del tejado aún se sostenía sobre las vigas de madera, pero el interior estaba intransitable.
Mucho más lejos, el cauce se alejaba tanto de río, que la presencia de éste sólo se adivinaba por los zarzales que había al pie de la colina. Llegamos al molino del abuelo Teodoro, un poco más humilde que el de su vecino, pero también bastante bien conservado. Descansamos allí de nuestras 5 horas andando (aunque a la vuelta cubrimos el mismo camino en hora y media, a buen ritmo). Habíamos ido despacito, fotografiando mucho y parando para observar la fauna y la flora, los paisajes, el río...

En el molino aún podían adivinarse las dos piedras bajo la fusca y las hierbas, pero no se podía entrar apenas. Todos los cascotes del tejado y montones de ripios llenaban la habitación. 
Piedra de molino del abuelo Teodoro
Aliviamos nuestros pies en el río fresquito y descansamos mientras veíamos una pelea entre dos cangrejos americanos. Estos cangrejos han sido la salvación de las poblaciones de nutria en España; todo el camino que habíamos seguido estaba lleno de sus excrementos y de restos de cangrejos secos y blanquecinos por el sol.

Mugen recordaba haber estado allí muy pequeño, de visita con sus padres. Se le veía muy contento y entusiasmado, al poder recobrar aquella ruta y aquellos recuerdos. Allí habían vivido sus abuelos y su madre, conocida en el pueblo como la Molinera, no hace tanto tiempo. Entre aquellas encinas habían pasado parte de su vida, personas conocidas y queridas, personas reales, con rostros. No es un pasado tan pasado. Pero parece que hace siglos que ocurrió todo esto. Ahora el tiempo corre mucho más deprisa; la vida es ajetreada, no te da tiempo a ver lo que ocurre a tu alrededor, ni casi a comprenderlo. Pero la tranquilidad de aquellos tiempos se ha conservado en estos parajes, y podemos recuperarla emboscándonos, como dice Joaquín Araújo, disfrutarla en la soledad de esta belleza, en la compañía de mi hobbit preferido, visitando este Valle Largo.

 

sábado, 8 de octubre de 2011

Las consecuencias del Decreto del Carbón.



Indignante, tanto la actuación de el señor Vitorino Alonso, como del gobierno de España. Y encima, nos suben la factura de la luz. En serio, ¿en qué se supone que estábamos pensando?

martes, 27 de septiembre de 2011

CUADERNO DE CAMPO. Otro pajarito. Ficedula hypoleuca

Este año está siendo un poco raro, climatológicamente hablando. Un verano más que suave, lluvioso, un otoño que no quiere llegar, una primavera que no quería irse... no sé si será esto lo que despista a los bichos, o será que este año estoy más observadora de lo normal aquí en mi casa. 

Ayer nos despertamos con un canto nuevo entre las encinas. Mugen me dijo al despertarse que había visto en la ventana un pájaro un poco raro, con una mancha blanca en el ala así y así. Yo pensé en una bisbita o algo parecido, pero cuando, aún entre las sábanas, le di la guía para que buscara uno parecido, me señaló un Papamoscas cerrojillo. Miré el mapa de distribución de la Peterson, y me pareció raro que se encontrara aquí, ya que el mapa indica que es del norte de España y Europa. Pero Mugen seguía convencido de que era un Papamoscas Cerrojillo.

Total, que entre pájaros nos fuimos a desayunar. Los gaticos también querían salir ya de paseo, así que les abrimos la puerta. Y resulta que cuando lo hago, escucho un canto extraño, me quedo un momento con la puerta abierta, y veo un pajarito pardo, con una mancha blanca en las rectrices, que revolotea muy cera de mi porche. Salimos los tres (La MariMuy, Mugen y yo) a ver si volvía a aparecer, pero no daba señales, así que decidimos volver a dentro. 

Mientras desayunábamos, seguíamos escuchando el canto característico, un metálico uit, según la Peterson, que sonaba así:


Así que pensé que de estar en alguna parte, estaría cazando bichitos en la compostadora. La duda ya me corroía y, cámara en mano, salí sigilosamente hacia la parte de atrás. 

¡Zas! La primera en la frente. No me lo podía creer. Era idéntico (bueno, idéntica, creo que esta es una hembra) a la de la guía; prácticamente no cabía duda. Y tiene una mosca en el pico...

Ficedula hypoleuca o Papamoscas Cerrojillo, con una mosca en el pico.
Así que nos sentamos en el porche, a la mañana fresquita, con los prismáticos y la cámara a esperar que pasara. La MariMuy había desayunado allí, y decía que se le había posado prácticamente al lado varias veces. 

Leí en la Peterson que son muy inquietos, sacudiendo constantemente las alas y la cola, y la descripción iba que ni pintada: venga a hacer cabriolas, venga a volar de aquí para allá... pronto descubrimos que era una pareja que no paraba de bailar. Fue muy difícil pillarlos quietos con la cámara, pero algo conseguí. Eran muy nerviosos, me recordaba al celo de algunas aves, pero no creo que estas estén en celo, pues ahora se avecina el otoño, y se supone que tienen que migrar a África, así que puede que estén sólo de paso. Es transahariana y tiene que pasar el invierno en el oeste de África.

Aquí el papamoscas se me posó justo encima.
Lo único que no conseguí verles era la mancha blanca en la frente que se supone que tiene el macho. No sé, lo mismo es sólo en el plumaje de verano y estos ya están mudaditos... ¿Alguien sabe algo? 


Aquí pueden apreciarse las manchas blancas de las rectrices, características del Papamoscas cerrojillo.
Los Papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca) son de la familia Muscicapidae. Por si no lo había dicho, son insectívoros, es decir, que capturan la mayoría de sus presas (moscas y demás insectos) volando, lanzándose desde una percha o  buscando entre las hojas. Se supone que es un ave frecuente en robledales y pinares, y menos en encinares, pero lo normal es encontrarlos a 1000-1500m de altitud. También se supone que su distribución mediterránea es fragmentada, ya que se restringe a cadenas montañosas (Sierra Nevada, Sierra Morena, Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico y Central...) aunque por el norte y centro de Europa se distribuye de forma homogénea (esto lo he sacado de asturnatura).



Entre otras cosas, me ha hecho ilusión encontrármelo porque es una especie "especial". El Catálogo Nacional de Especies Amenazadas la cataloga como especie de interés especial (en Extremadura se considera así desde el año 2001) ya que puede verse amenazada por la pérdida y degradación de su hábitat, y  también por el aislamiento de las poblaciones. La IUCN cataloga al Papamoscas Cerrojillo como especie de menor preocupación (LC). Eso quiere decir que si seguimos por el mismo camino, puede verse amenazada, aunque aún no está en peligro peligroso...

Me alegro de haberte conocido, Papamoscas cerrojillo. Un gusto tenerte por estas tierras.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Bajo el Mar...

Recordemos nuestros periplos buceadorísticos. ¡Echo de menos salir todos los fines de semana a la playa, aunque hiciera un frío de tres pares, y echar unas buceaditas y una cerve en "El Mirador"!


martes, 6 de septiembre de 2011

Y yo también.

Esta mañana leía esta reflexión de mi amigo Miguel, que me ha conmovido:

 Quiero estar

Pues sí, esta mañana, a modo de broma, de chascarrillo de café mañanero, alguien me ha comentado que soy un chico 15M sin motivo, debido a que mis padres tienen una casa más que decente.

No me molesta, ni mucho menos, la broma, pero me ha llevado a pensar en ciertas cosas, que a veces se nos olvidan, de quién impulsa los cambios en esta sociedad. Me ha llevado a pensar que hasta el día de hoy pocos cambios han venido provocados por indignaciones reales de los de abajo. Y es que los tenemos tan aplastados que bastante tienen con sobrevivir. El día que se levanten de verdad se van a acabar las bromas de los cuatro idiotas que mandan.

La educación y los libros, que tampoco faltaron en mi casa, y que estaban ahí antes que la piscina del patio, han ayudado a que uno se dé cuenta de que no es necesario pasar hambre para darse cuenta de que algo falla. Y sí, soy consciente de muchas cosas que se te están ocurriendo y que no hace falta que mencione, pero que, en su día, quise reflejar en esta canción:

Quiero estar
(Miguel Blanco, Badajoz, febrero de 2006)

Sé bien que no soy
el más indicado para hablar,
pero no me puedo callar.

Que nací con todo dado
y que no sé lo que es luchar,
ni tampoco sudar.

Sé bien que no soy
maestro de conciencias ni razón,
sólo tengo mi voz.

También que soy más parte
de culpa que de solución,
y hasta pido perdón.

Y no vengo a convenceros de revoluciones
que ya están en vuestras mentes
de las que ya estáis al frente.

Sólo ofrezco para resolver las emociones
mi guitarra y mis canciones:
mis recuerdos del presente en el que quiero estar.

Sé bien que no soy
más que un sueño atado a una canción
por la que me dejo la voz.

Donde mi utopía tiene
reservado su rincón,
tenga o no la razón.

Sólo sé que soy
un tipo raro al que le duele ver
a la gente perder.

Y que estoy harto de ver
la peli desde mi sofá
y ahora quiero luchar.

Y no vengo a convenceros de revoluciones
que ya están en vuestras mentes
de las que ya estáis al frente.

Sólo ofrezco para resolver las emociones
mi guitarra y mis canciones:
mis recuerdos del presente en el que quiero estar.

viernes, 26 de agosto de 2011

Variantes de las crackers: piquitos y tortas de harina de arroz

Ingredientes:
  • 250g de harina de arroz
  • Un huevo.
  • 15g aprox de levadura fresca (media pastilla)
  • 5g de azúcar moreno
  • 10g de sal (esto es importante, en mis experimentos he aprendido que es muy fácil que te quede salado...)
  • aceite de oliva para que la mezcla ligue (estas harinas no tienen la elasticidad que le da el gluten a la harina de trigo, asi que he preferido usar más aceite que agua)
  • Un poco de agua tibia (como una tacita pequeña de café, para disolver la levadura)
  • Sésamo al gusto (un puñadito)



Preparación:
  1. Disolver la levadura en un poquito de agua tibia con el azúcar moreno (tibia, no caliente, que si no matas a la pobre levadura...)
  2. En un bol, mezclar la harina (reservar unos 40-50g por si se nos queda demasiado húmeda la masa), el sésamo y la sal en seco. Añadir la levadura, y el huevo y amasar con paciencia. Esta receta tarda más en ligar, pero queda mucho mejor.
  3. Añadir aceite hasta que quede una masa homogénea que no se peque a los dedos ni al bol.
  4. Precalentar el horno a 50ºC. En una bandeja de horno, colocar un papel de horno y meter la masa durante 10-15 min para que fermente. No subirá mucho. Sacarla antes de que se cuartee la superficie.
  5. Si se ha secado demasiado, agregar algo más de aceite y/o agua al amasar de nuevo, pero es poco probable.
  6. Precalentar el horno a 200ºC
  7. Con la masa ya fermentada, arrancar pellizcos y amasar piquitos o formar pequeñas tortas, como si fuera plastilina.
  8. Pintar la superficie con aceite o huevo para que se dore.
  9. Hornear 10-15 minutos y vigilar muy frecuentemente, ya que la diferencia de grosores puede hacer que unas se quemen antes mientras otras quedan crudas. Si es necesario, sacar las que se tuesten primero y dejar las más blancas con el calor residual.
  10. Dejar enfriar en un plato y guardar en un recipiente hermético para que no se rancien.

¡Miau, qué buena pinta!

jueves, 25 de agosto de 2011

Bollito de miga de harina de arroz. Truquillos para hacer el pan de harina de arroz (sin gluten).

¡Éxito rotundo de la última tanda de experimentos! Tras tirar dos hornadas completas, y una de ellas porque se me olvidó la sal... Vale, he aprendido que para hacer experimentos, una vez que tienes algo aceptable, no hay que hacer el experimento con toda la masa, sino con un trocito. 

Intenté hacer pan con miga, porque tengo antojo de bocata de pan de molde, y escogí una receta de pan de harina de arroz al vapor, pero a mí no me salió tan bien como sale en esa foto: se me desmiga, tiene un sabor demasiado intenso a garbanzo para mi gusto y no se puede cortar en rebanadas, ni tostar, y es demasiado pesado, para desayunar o incluso comer... Asñi que quise volver a la receta de piquitos, pero con alguna idea nueva: sustituir el aceite por margarina. Una vez quise hacer galletas, pero en vez de aceite usé margarina, y las galletas quedaron como bizcochitos. 

Otra cosa que he hecho ha sido quitar el sésamo de la masa: al principio es agradable, pero siempre, siempre empezaba a ser repetitivo. Y además, lo he pintado con huevo, cosa que nunca había hecho: pues les queda un brillo y una textura deliciosos. 

Y lo último, y lo más importante: la levadura estaba recién comprada. Lo que a mí me pasa normalmente es que tardo demasiado en usarla, y cuando lo hago, está a punto de caducar, lo que hace que su actividad sea mucho menor a la de hoy. Además, hoy he fermentado el pan con la forma ya dada, y luego lo he horneado, por lo que la miga no se ha espachurrado (desgasificado) y ha quedado con una textura muy parecida al pan de verdad.

Así que aquí va mi receta de bollito de miga: 

Ingredientes:
  • 240g de harina de arroz.
  • 2 dedos de margarina derretida (no demasaido caliente, para que no cuaje el huevo).
  • 1 huevo.
  • 12g sal.
  • 25g de levadura fresca. 
  • 5g de azúcar moreno. 
Preparación:

  1. Disolver la levadura en un dedo de agua tibia con el azúcar moreno (tibia, no caliente, que si no matas a la pobre levadura...). Tiene que crecer más de medio vaso, para saber que está viva.
  2. En un bol, mezclar la harina (reservar unos 40-50g por si se nos queda demasiado húmeda la masa) y la sal en seco. Añadir la levadura, y el huevo y amasar con paciencia.
  3. Cuando ya está más o menos ligado, añadir la margarina poquito a poco, esperando que la masa la vaya aceptando. No se va a quedar grasienta, y empezará a hacerse más elástica.
  4. Modelar un bollito, y con un cuchillo afilado marcar una cruz amplia. Por ahí se abrirá cuando crezca. 
  5. Meter para que fermente en el horno a 50ºC durante unos 10-15 minutos. 
  6. Sacar, pintar con huevo y decorar.
  7. Elevar la temperatura a 200ºC y volver a meter en el horno, esta vez como 15 minutos.
  8. Cuando tenga un color apetitoso, sacar dejar enfriar a temperatura ambiente. 
Una de las cosas que más me han sorprendido es que ¡¡tiene corteza, y está crijiente!!

Espero que os guste. Para mí ha sido un gran avance.

martes, 23 de agosto de 2011

Día roedor.

Hoy ha sido un día roedor total.

A media tarde la MariMuy descubrió a la Tigri como una loca por el lavadero. Cuando nos dimos cuenta, tenía una bolita gris en la boca. Así que quitamos de en medio a la gata y con un bote de alcachofas atrapamos a la ratoncita. Era igual que Milufa, de un cuento de cuando éramos pequeños, así que la bautizamos así.

Mi prima Ro y yo nos acercamos a la maleza del río para soltarla en un lugar donde pudiera esconderse.
 
Milufa antes de ser liberada.
Ro y Milufa
Nos miró con sus ojitos negros y se fue rápidamente. Se trataba de un ratón casero (Mus domesticus) cuya mejor característica para diferenciarlo del de campo (Mus spretus) es la longitud de la cola, ya que los tamaños pueden solaparse y las coloraciones varían. En el de campo, la cola es claramente más corta que la longitud de la cabeza y cuerpo (Guía de Mamíferos de España, Península, Baleares y Canarias, Ed Lynx y SEO/BirdLife), lo que se ve más o menos en la foto.


 

El otro roedor que nos ha visitado, y muy ruidosamente, ha sido Ratatui. Anoche se escucharon ruidos de lucha y chillidos por las ventanas abiertas, y esta mañana la MariMuy y mi madre se encontraron un regalito de "El Ratador".



Mi amiguita, la Gertru, intentaba adivinar cuál de sus parientes nos había visitado.


Pues sí, el "Ratador" (Matador de Ratas) ha vuelto. A nuestro gato Pirri le ha prohibido el veterinario que tome proteínas, y tiene un pienso especial. Así que ha sido bueno, y en vez de comérsela y traernos la cabeza, como ha hecho otras veces,  nos la ha traído entera.

Como otras veces sólo había dispuesto de la cabeza, aún no sabía de qué especie podríamos estar hablando. Así que esta mañana me puse la bata de laboratorio, los guantes de látex y cogí la guía de nuevo y un metro para diferenciar si era una rata negra (Rattus rattus) o una rata parda (Rattus norvergicus). La rata negra es más de campo, está desplazada por la parda, que es más urbana, y es de tamaño más pequeño, hocico más afilado y orejas largas. La coloración de una variedad de la rata negra (Rattus rattus ,subesp. norvergicus) puede confundirse con la parda. Así que mirando y mirando encontré que el carácter diferencial era la medida de la pata trasera. Y estaba claro: un cacho de pata de más de 4 cm era de rata parda (Rattus norvergicus).

Pata enorme de R. norvergicus.


Otra característica que me daba la guía era que la oreja de la parda, si se estiraba sobre la cara, jamás llegaría a tocar el ojo, así que también lo comprobé. Sin lugar a dudas, tenemos a la Rata Parda entre las especies de Tres Arroyos, aunque el "Ratador" las extermina cada vez que se acercan a la casa. Y muy limpiamente, pues no tiene marcas de heridas ni de lucha.


¡Así que el 22 de Agosto queda bautizado como el día de los roedores!
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