lunes, 27 de abril de 2015

Documental sobre la Amazonía: Entre la Magia y la Realidad


Este documental tiene muy buena pinta. Está financiado en parte por el AECID, y trata un tema muy actual.

viernes, 17 de abril de 2015

10 semanas y media - Diario de una histaminósica perdía



Nadie sabe lo que me pasa. Tengo a todo el equipo médico investigando y estudiando. Me hacen pruebas, análisis, buscan virus, enfermedades inflamatorias, infecciosas, pero mis análisis están mejor que los de Rafa Nadal. Según las pruebas, estoy sanísima. Excepto que mi temperatura ronda los 37.3 casi todo el tiempo y que sólo con levantarme para ir al baño me canso como si hubiera hecho una maratón por Funchal.

Tras nueve semanas y media con esta fiebre inexplicable, un dolor constante  en el costado izquierdo y punzante pero relacionado con la diarrea en el derecho; además de eso, tengo malestar general todo el día. Y estoy agotada. Empecé en febrero y apenas habré tenido cinco o seis días sueltos en los que mi temperatura ha bajado a 36. Teniendo en cuenta que mi temperatura basal es de 35,5ºC, cuando voy llegando a 36,8 ya me noto con febrícula, y los días que sube de 37,5 para mí ya es fiebre en toda regla. 

Me he vuelto definitivamente de Madeira porque mi contrato había acabado y allí los portugueses además sí que estaban perdidos y faltos de medios. Lo único que hicieron durante dos semanas era hacerme radiografías y mandarme diferentes antibióticos que sólo empeoraban mi diarrea. 

Aquí han encontrado que mi hígado tiene un tamaño que es el doble de lo normal (el año pasado no era así), pero sin signos de adenopatías o cirrosis. Me llega hasta el costado izquierdo. ¿Me causa ese dolor en el costado? Puede ser... o no. Pero la función hepática está conservada (transaminasas y demás enzimas hepáticas en valores normales, sólo están un pelín altas la amilasa pancreática y la bilirrubina indirecta, a expensas de la directa). Además de eso, se ha visto en una entero-RMN y una prueba de tránsito con contraste bárico,  una estenosis ileal que mide 4 cm, es decir, reducción del calibre de una zona en el intestino delgado. Me han hecho un montón de análisis de enfermedades raras, metabólicas, micosis, parasitosis, víricas e infecciosas, pero todo da negativo.

Esta es la resonancia en la que se aprecia cómo mi
hígado abraza al bazo por detrás.
Llevo 12 días ingresada en el hospital. Todos los días pasa mi médico internista, que dicen que es el mejor, a pesar de que es muy serio, además de tener visitas de una neuróloga, una de digestivo y un cirujano. Todos coinciden en que es muy raro, en que los hallazgos no parecen tener relación entre sí (aunque por lo que yo sé bien podrían estar relacionados) y en que esté tranquila porque los análisis todos dan valores normales. Que no parece que tenga nada. Pero a mí eso me inquieta más todavía. Siempre me han dicho que no tengo nada, y me mandan a casa con viento fresco. Me aterroriza que me vuelvan a abandonar y a dejarme en la estacada.

En la cocina se han portado muy bien, he comido durante los doce días sin ningún problema, excepto que una vez se equivocaron y me pusieron un pan que me contaminó la tortilla. 

Solomillo de cerdo a la plancha, muy jugoso y blandito, y revuelto de champiñones con huevo y jamón serrano. El jamón me lo compraron para mí porque de normal no lo tienen y el de york no podía porque tenía fécula. De postre, queso fresco.


Revuelto de judías verdes con ajo y jamón serrano, y filete de merluza encebollado. De postre, piña en su jugo.

Mero a la plancha con guisantes y gambas, y ensalada de pepino. Nunca había comido mero hasta que me ingresaron. Creo que es el pescado más rico que he comido en mi vida. De postre, queso fresco.
Revuelto de espárragos trigueros con cebolla, huevo y jamón serrano, y pechuga de pollo a la plancha con limón. De postre, una naranja.
Espinacas revueltas con ajo y tortilla de atún (ya me la estaba terminando). De postre, piña en su jugo.




Esta es una pequeña muestra de lo que he comido: cuando se quiere se puede. Incluso compraron pasta sin gluten de arroz.

Y los días se hacía interminables... me despertaba con dolor de cabeza que permanecía todo el día, me cansaba sólo de levantarme para el servicio... había días que ni me cambiaban las sábanas, ya que me pasaba el día durmiendo al principio y no querían molestarme. 
Pasillo arriba y pasillo abajo, como los reclusos a los que les sacan de paseo una vez a la semana.

A base de calmantes me quitaron lo fuerte de la migraña que les llevó a ingresarme. Pasaron los días y parecía que la febrícula iba cesando, pero el dolor de cabeza, las diarreas y el malestar general permanecían. Decidieron hacerme una prueba de tránsito intestinal, que ha confirmado la reducción de la luz del intestino, tras mucho pensárselo.


Ahora creen que lo mejor es hacerme una prueba que sólo se hace en Sevilla o aquí pero por la Seguridad Social, hay que hacer papeles, esperar evaluaciones y autorizaciones... esto se está convirtiendo en la historia interminable. 


ACTUALIZACIÓN 18/4/15: Ayer por la noche vino el médico para decirme que si me apetecía (kljsdhkjgadkj...) podía irme a casa ya que la prueba de la cápsula endoscópica no se hacía en el hospital. Si me apetecía... tiene huevos. ¡Ni que hubiera pedido que me ingresaran! Y con lo que echaba de menos a mis gatitos... 

Así que hoy sábado ya estoy en casita.

domingo, 5 de abril de 2015

Chipá quesú - Chipa paraguaya de almidón



A pesar de lo cansada y dolorida que estoy por esta enfermedad invisible que aún nadie le da nombre, hoy me he decidido ha intentar sacar un poco de fuerzas y cocinar algo típico de Semana Santa, aunque se come todo el año: chipas de almidón o chipá quesú. Claro que no son típicas de aquí, sino en Paraguay, jejejeje. 

Hoy, en vez de la receta de Martha, he seguido las instrucciones de un sitio web paraguayo, aunque he mirado varias recetas para ver qué cantidades variaban más o menos. Como las instrucciones decían "amasar pero no mucho" eso me ha hecho decidirme. Claro que mi madre también me ha ayudado un poco, y a pesar de eso he terminado agotada. Pero ha merecido la pena: en cuanto he probado la primera, templada recién salida del horno, me ha transportado al colectivo que me llevaba de Encarnación hasta Ynambú, que siempre han sido las mejores que he probado. También podría ser que me supieran tan bien porque me las comía con mucho hambre después de quince horas de viaje, claro.



Ingredientes para 18 chipas: 
  • 150g de manteca de cerdo (o de vaca, o mantequilla)
  • 3 huevos XXL (o 5 M)
  • 250g de queso semicurado cortado en taquitos pequeños (en el original se usa queso Paraguay, que es amargo y tiene una consistencia harinosa, pero vale cualquier semicurado)
  • 1 cucharada sopera de anís en grano
  • 6g de sal (1 cucharadita de café rasa)
  • 3 dedos de leche (aprox 100ml) Yo he usado leche de arroz, que era la que tenía. 
  • 500g de almidón de mandioca agrio (yo usé marca Codipsa, de importación paraguaya) 
  • 5g (1 cucharadita rasa) de levadura química en polvo, tipo Royal.


Elaboración:
  1. Poner en un bol grande la manteca y el queso cortado en daditos pequeños y darle un golpe de microondas para quitarle el frío de la nevera y ablandarlos (unos 45 seg a 800w) 
  2. Cascar uno a uno los huevos e ir mezclando con un tenedor hasta integrar. 
  3. Agregar el anís, la sal y la levadura, y mezclar. 
  4. Echar en dos o tres veces el almidón, de 200 en 200 gramos. Al principio va a parecer que no se quiere mezclar, ya que la masa parecerá no newtoniana, pero al final se consiguirá una masa que no se pega a los dedos. 
  5. Cuando hayamos echado todo el almidón, parecerá que la masa está muy seca. Echar en dos veces la leche, mezclando bien entre ambas. Si no acepta toda la leche, no la eches. 
  6. Debería quedar una masa que no se pega a los dedos, que se vuelve a pegar cuando hacemos pellizcos y que se moldea muy bien. 
  7. Precalentar el horno a 200ºC.
  8. Formar las chipas con forma de rosquillas. Para ello hacemos un churro finito y pegamos los bordes uno encima del otro, como en el vídeo.
  9. Colocar sobre papel de horno, o base de silicona. 
  10. Hornear 25-30 minutos a 200ºC. 
  11. ¡Comer! Si sobra alguna, guardar en una bolsa con cierre hermético.

viernes, 3 de abril de 2015

Nuevo blog: "El Güertino de Moy"


Y abrimos nuevo blog!! Esto es un no parar. Este año hemos empezado el huerto a tiempo, y vamos a sembrar muchas cositas!! Estamos como locos!! Y todo ecológico, por supuesto. Nada de productos químicos. Usamos compost para abonar, infusiones para tratar las plagas, y asociaciones de cultivos para evitarlas y para protegerlos. 

Visita nuestro Güertino y sigue día a día nuestros avances. 


jueves, 2 de abril de 2015

Delfines frente a Funchal (I)

El último día que Mugen estuvo conmigo en Funchal decidimos dar un paseo en barco para ver delfines. Y tuvimos bastante suerte, ya que en esta épocca del año suelen ser poco visibles. Nada más salir del puerto, un grupo familiar apareció frente a nosotros.




El paseo duró cerca de tres horas, llegando hasta el impresionante cabo Girão, el segundo acantilado más alto del mundo. Allí encontramos otro grupo de delfines comunes que se alimentaban de un banco de peces, y nos deleitaron con muchos saltos. 





viernes, 20 de marzo de 2015

Celda 210 (Segunda parte) - Diario de una histaminósica perdía


Republico este post porque hubo un probelma técnico al publicar desde el teléfono móvil y no me he dado cuenta hasta hoy. 
En mi cuarto hay un cuadro. Menos mal que este no da tanto miedo como el de
la otra vez... pero está torcido. 

Al final, ayer viernes me han dado la condicional. Es decir, que aún no se ha resuelto el caso (no saben exactamente lo que tengo ni por qué) pero el resto de pruebas de momento me las pueden hacer de manera ambulatoria. Menos mal, porque ya empezaba a sentirme como un clic, un muñeco playmobil, sin poder doblar los codos de tantos pinchazos como me llevan dados en la última semana. Entre uno y tres análisis de sangre al día... ¡no ha vena que lo soporte durante mucho tiempo! 

Síndrome del Clic
Por la mañana, a las 8 en punto entraba la temible enfermera, que sin darme tiempo a despertarme, me desangraba con cuatro o cinco tubos mientras refunfuñaba. No entiendo su mal humor, con lo divertido que tiene que ser su trabajo, ir por ahí despertando a la gente a pinchazos. 

La enfermera tempranera, con su cara de pocos amigos. 
Poco antes de mediodía entró en mi habitación la cocinera, para decirme que habían encontradao en su despensa un paquete de macarrones Gallo. Yo, desilusionada, le expliqué que útimamente Gallo había cambiado sus pastas para celiacos y ya no eran sólo de arroz, sino que llevaban más cosas y ya no podía tomarlos. Al rato vino, con el paquete para que viera que sí, que eran de arroz. ¡Menuda reliquia! Pero cuando aparecieron con la bandeja un ratito después, a pesar de que no son los mejores macarrones, me los comí con mucho gusto, a pesar de que llevo más de un mes sin apetito. Venían salteados con un picadillo de jamón serrano y champiñones. Además, de segundo traían un buen filete de mero con calabacines a la plancha. Nunca había comido mero, pero me encantó, estaba buenísimo. 

El pan normal de trigo hay que perdonárselo, el primer día traía pan de celiacos pero se lo llevaron de vuelta cuando les dije que no podía. Y no les dije nada del pan de trigo, ya que mi madre y mi hermana se lo comían muy contentas.


Por la tarde vino a visitarme el internista, que me da un poco de miedo. Ya mi doctora me había advertido, de que un chiste no me iba a contar, pero claro, yo no he ido al hospital a que me cuenten chistes. Sin embargo, ha sido gracioso a su manera. Y está empeñado en descubrir qué me ocurre. Pero a la luz de las pruebas de esta semana (voy a salir fosforita del hospital, brillando en la oscuridad, de tanta radiación), las que quedan me las puedo hacer de manera ambulatoria y no tiene mucho sentido que me quede más tiempo. Así que la semana que viene volveremos a la misma hora en su canal de siempre. 

Las chicas de la cocina me dijeron que habían comprado pepino especialmente para mí, y por lanoche me han traído una ensalada de pepino y cebolla, y una cena muy paraguaya: filete de ternera y arroz rehogado. Para el postre, piña en almíbar, muy refrescante. 


La verdad es que la estancia en el hospital se ha hecho mucho más llevadera de lo que había pensado, sobre todo se me hacía cuesta arriba pensar en el asunto de las comidas: habiendo leído tantas historias aterradoras de los celiacos en los grupos de feisbuk, me esperaba cualquier cosa! Además, el apoyo de todos vosotros, que casi he sentido como si hubierais venido a visitarme, ha sido fundamental. Mi médico se sorprendía del ánimo con el que estoy enfrentando esto, pero ¡una gran parte os la debo a vosotros! 


miércoles, 18 de marzo de 2015

Celda 210 - Diario de una histaminósica perdía.

Hace tiempo que mucha gente me pregunta que cómo hago para salir a comer. A menudo comento que "no saliendo".

Pero, ¿qué ocurre cuando no te queda más remedio?

Cuando me dijeron que me iban a ingresar en el hospital de CLIDEBA, mi madre me dijo que me haría la comida en casa y me la traería. Sería un lío, pero era una solución.



Sin embargo, mi doctora lo primero que hizo fue redactar con mi ayuda un folio con instrucciones para la cocina, y les ha hecho llamarme todos los días para preguntarme el menú que podía tomar. Mi doctora es un cielo.

Y parece que funciona. Hoy me han traído pescado a la plancha con arroz salteado con gambas y queso fresco. Y de postre naranja.

Anoche fueron filetes de pollo con arroz salteado con ajito y piña en almíbar para el postre.

Es la primera vez que como fuera de casa en España algo cocinado sin peligro (curiosamente solo había podido hacerlo hasta ahora en Paraguay). Y puedo confirmar lo que mucha gente me había comentado: que en este hospital se come fenomenal. Las cocineras están muy preocupadas porque solo pueden prepararme un plato, y me pondrían más comida si las dejara, pero como estoy sin hambre y además no acostumbro a comer mucho, con esto me sobra. Lo único que no pueden hacer nada con los desayunos, pues sirven bollería. Pero me calientan mi leche de arroz y me traen un cuenco para que pueda hacerme mi papilla de arroz con cacao.

Os iré contando día a día lo que me preparan, porque después de tantas historias dramáticas que conocía de alérgicos y celiacos en hospitales estaba bastante asustada. Creo que debería ser un ejemplo a seguir en otros lugares, el cariño y la atención que ponen cada vez que me preguntan, y se lo agradezco de todo corazón.

lunes, 9 de marzo de 2015

Censo de mar en febrero. Viaje a Porto Santo en Velero.


El cielo está color panza de burro y no se adivina dónde está el sol. El mar se agita con un brillo aceitoso, como plomo fundido. Miro a mi alrededor y no veo más que el perfil cambiante de las olas que se agitan con crestas de espuma.

El bamboleo y os golpes de las olas son tan fuertes que el skipper Marc se levanta y quita el piloto automático para enfrentar las olas con un movimiento de zig zag. Yo siento que el desayuno se levanta como las olas que nos golpean, salpicándome la cara con una lluvia fina que me empaña las gafas. Estamos doblando la punta de San Lorenzo, en dirección porto Santo. Las olas crecen y comienzan a hacerse cada vez más violentas. Hace mucho viento y Marc arría las velas. El agua está tan revuelta que no puede saberse de donde vienen las olas; da la sensación de que nos atacan por todas partes.

Mapa de Madeira, Porto Santo e Islas Desertas
Fuente: Wikimedia

En algún momento a la altura de la Punta de San Lorenzo empiezo a vomitar. Menos mal que encuentro un lugar a sotavento para no provocar una desgracia. Vomito tantas veces en las siguientes 5 horas y 40 kilómetros que pierdo la cuenta, y la noción del tiempo. Es una pesadilla. No hay ningún lugar estable, ni se ve tierra delante de nosotros, hay demasiada neblina. Cada vez que me inclino sobre la baranda del velero parece que va a ser la última, que después me encontraré mejor; pero lo que realmente ocurre es que me derrumbo sin fuerzas a un lado del timón y caigo en un sopor en el que sueños extraños y pensamientos se mezclan con la música de la radio y los chapoteos del barco. Desvarío y sueño cosas sin sentido. Mientras, Cátia tiene que hacer todo el trabajo; yo no me encuentro en condiciones de censar nada ni de apuntar en el registro. Por suerte, en enero no hay mucha actividad animal en pleno mar. 



Ilhéu do Farol, en la Punta de San Lorenzo.

Comienzo a tiritar de manera incontrolable. A pesar de que llevo un pantalón de invierno y unas mallas debajo del peto del traje de mar, y camisetas térmicas y polar bajo la chaqueta del traje de mar, no puedo escapar del frío. Entrar a la calidez del camarote significaría un camino demasiado largo para la próxima vomitona, y más mareo. me calo bien el gorro y la capucha de la chaqueta, pero en cuanto me subo el pañuelo a la altura de la boca me vuelven a dar náuseas. Así que tengo que soportar el frío si no quiero echar los higadillos, porque a esas alturas no me queda nada dentro. 


Llegamos al puerto de Porto Santo y amarramos. Allí el mar estaba más protegido y empecé a sentirme mejor. Un rato después estaba comiendo tranquilamente y bebiendo, casi como si no hubiera pasado nada.

Paseamos por la ciudad de Porto Santo. A estas alturas del año no hay mucha animación, pero un par de bares a los que nos llevaron los amigos de Cátia estaban muy bien. Marc nos acompaño y lo pasamos estupendamente. Parecía mentira que unas horas antes estaba deseando morirme. 

Al día siguiente amaneció con una ligera capa de nubes que se fue diluyendo a lo largo del día. El mar había mejorado muchísimo, y después de un buen desayuno estuve perfectamente. Nos turnamos cada 3 horas para alternarnos con el censo y mientras una oteaba el horizonte la otra descansaba los ojos con el agradable meneique del velero. 

Justo cuando se me ocurrió entrar en el camarote, escuché que Cátia me llamaba. 

-¡Golfinhos! 

Agarré la cámara y salí rápidamente, a tiempo de ver cómo cuatro delfines mulares (Tursiops truncatus) chapoteaban a ambos lados del velero. Era la primera vez que veía delfines en libertad. ¡Fue espectacular!

En el velero era increíblemente difícil pillar a uno de los delfines saltando, entre el movimiento del barco y lo imprevisibles y rápidos que eran. 
Poco después vimos una pequeña tortuga verde (Chelonia mydas) muy cerca de la superficie, tomando el sol, y vi saltar un pequeño delfín pintado (Stenella frontalis) cerca de la popa. Pero apenas vimos aves hasta que no nos acercamos a tierra. 


Terminamos de dar la vuelta a Porto Santo y nos dirigimos a Madeira. Esta vez, gracias a que estaba la marea alta, pudimos atravesar por el canal entre los islotes de Desembarcadouro y Farol, evitando las horribles corrientes del extremo de la Punta de San Lorenzo, para dirigirnos a nuestro destino, la Quinta do Lorde, un puerto cercano. 

Volví a ver el islote en el que había vivido cinco días hacía unas semanas pero desde otra perspectiva, a nivel del mar, que me encantó, y saludé al islote Bartolo. 


domingo, 22 de febrero de 2015

Pizza de masa blanda y consistente Trucos en la cocina

Hace unas semanas nos reunimos en casa de mi amigo Félix para despedir a mi amiga Isabella, que volvía para Brasil. Iban a hacer pizzas caseras, por lo que tuve que cambiar rápidamente de plan. Iba a llevar panes de queso pero... ¿con qué los acompañaría?

Además, lo que me apetecía era pizza... quería comer como los demás, o al menos parecido. Y apenas me quedaba tiempo ni ingredientes! Y se me ocurrió que la masa del pan de queso podía quedar bien para base de pizza.

Con ayuda de Isabella hicimos las pizzas (salieron dos con medio paquete de preparado) y luego en la fiesta, aunque eran para nosotras, los chicos nos rapiñaron unos cuantos trozos sin enterarse de que eran sin gluten y sin tomate.

El preparado para pan de queso marca Globo es muy fácil de usar. No hace falta escaldar ni nada, ya viene listo. Añades un huevo, un poco de queso rallado, medio vaso de agua y a amasar.



Hay que hornear abajo y arriba y asegurarse de que la masa está hecha antes de cubrir con ingredientes.

En este caso hice pizza hawaiana, pero también me gustan de anchoas, carbonara, jamón serrano...

¡Espero que os sea útil!

jueves, 19 de febrero de 2015

Con psyllium todo sabe mejor - primer experimento de pan de molde

La comunidad celíaca de feisbuk está como loca con un nuevo ingrediente. Como antes con la goma xantana o las nuevas harinas proteicas, ahora parece haber un nuevo ingrediente milagroso que hace que todos los panes de cualquier tipo sean mejores: más esponjosos, mas tiernos, menos secos, mas amasables, menos pegajosos... y durarán más tiempo sin enmohecer o ponerse rancios.

Tantas maravillas se han hablado de él que quise probarlo. Pero para que no me pasara como con la goma xantana, que después de un lio para comprarla en Madrid resultó venir del maíz y por eso me dio una reacción bastante fuerte, me informé bien de lo que era y sus orígenes.

El psyllium es la cascarilla de la semilla del Plantago ovata, una hierba que suele salir en las dehesas, conocida en mi tierra como rabito de conejo o simplemente plantago. Algunos lo conocerán porque se manda plantago para el estreñimiento, pero en ese caso es la semilla entera, y no sirve para hacer pan, a no ser que quieras irte de varillas si no lo necesitas.

Total, que escribí a mi tía, que vive en Madrid, para ver si podía mandarlo a mi casa y de allí ya veríamos como me lo hacían llegar a Madeira, y resultó que por suerte al día siguiente ella bajaba a Badajoz con su familia. Con tan buena suerte que cuatro días después Mugen volaba para venir a verme.

Así que en menos de una semana tenía estos polvitos milagrosos en la encimera de la cocina. Y decidí probarlos con todas las recetas de pan que fuera haciendo. Primero lo puse en el pan ancestral, y la verdad es que quedan más amasables, mas tiernos y duran mucho mucho más.

Y el otro día decidí inventar un pá de molde porque necesitaba un bocadillo para salir de excursión con mi gran amigo Borja que había venido a verme a la isla. Y el resultado es in-cre-í-ble.




Sin más os dejo con la receta (que os recuerdo que es un experimento y que tengo que mejorar)

Ingredientes

180g harina de arroz
60g almidón de mandioca
20g harina de alforfón o trigo sarraceno
1 cucharadita de psyllium
1 cucharadita de semillas de amapola o Chía
24g de azúcar amarillo (vale también moreno, pero si es blanco pon menos)
2 huevos
200 ml de agua
1 chorrito de aceite
2 sobres dobles de gasificante

Elaboración
1. Precalentar el horno a 200°C con solo calor inferior.
2. Mezclar todos los ingredientes secos excepto el gasificante.
3. Añadir el aceite, el agua y el huevo (mejor batido pata que no queden restos de yema)
4. Cuando el horno llegue a su temperatura (y no antes) mezclar el gasificante con cuidado y verter la masa en el molde de silicona. Yo lo hago en plano y corto luego las rebanadas en horizontal, pero imagino que en un molde alto Tipo plum cake debe subir bien también.
5. Colocar en la rejilla de la mitad inferior.
6. Si el horno es sin aire bajar a 180. Dorar 15-35 minutos o hasta que veáis que se ha separado de los bordes o encogido un poco. Si queréis la parte de arriba más dorada, cambiar el horno a calor superior y subir la rejilla. ¡Vigilar que si no se quema!



Este pan es ligero, no llena tanto como el pan de lembas o el pan de trigo sarraceno y es ideal para bocadillos y tostadas. ¡Y no suelta apenas migas! Estoy muy contenta con el psyllium.

¿Y vosotr@s, lo habéis probado ya?

miércoles, 4 de febrero de 2015

El acantilado de las Almas Negras. El Misterio del Pintainho en la punta de San Lorenzo.



NOTA: Esta entrada es un extracto de mi cuaderno de campo
NOTA 2: Si quieres leer la versión en Portugués e Inglés, entra en el Blog de los Voluntarios de SPEA-Madeira. Te agradeceremos que te hagas nuestro seguidor! 




En el islote salvaje.

He estado con Sandra y Sole en el Ilhéu do Farol (Islote del Faro) durante 5 días con sus noches para comenzar la campaña del pintainho (Puffinus lherminieri, pardela chica). Nuestro trabajo, en esta fase del estudio, consiste en buscar y localizar nidos de esta ave, que no esta confirmada su presencia ni su anidamiento en este islote, pero por sus características es posible que le guste.

Cráter derrumbado del ilhéu do farol, canal del
Llegamos en zodiac con los vigilantes del SPNM; aunque el mar estaba un poco movido no me mojé mucho. Pero hubo un momento de pánico, porque la zodiac iba bastante despacio para evitar que las salpicaduras nos mojaran a nosotras y a nuestro equipaje, y de repente el morro de la barca se sumergió un momento y empezó a entrar agua. Pensamos que nos íbamos a hundir! Luego nos hemos reido haciendo bromas sobre el momento submarino, aunque para nosotras fue una situación tensa. En cuanto el guarda aceleró un poco la zodiac el morro se volvió a levantar y ya no hubo más problemas.

Para desembarcar hay una minúscula plataforma en una bahía aún mas pequeña, barrida por las olas en cuanto hace un poco de aire o sube la marea. Hasta ella llega una escalerita que serpentea por el islote bajando desde el faro, que está en lo más alto. Con la primera ola, Sandra, uno de los guardas y yo conseguimos desembarcar, pero un nuevo golpe de mar muy violento hizo soltar al guarda el cabo que tenía que manetener a la zodiac cerca de nosotros. Yo tuve que saltar para que no me diera la ola. El cabo cayó al mar, y Sole, que junto al guarda que manejaba el motor, era la única que quedaba en la barca, se dio cuenta de que ella tenía que ser quien lo recuperara. 

Después de salir de la bahía y esperar a que pasaran las olas más fuertes (ya que tienen un ciclo y se puede adivinar si va a haber unos segundos de calma) volvieron a acercarse y conseguimos trasladar a tierra todo el equipaje (mochilas, una cocina de campaña, bombonas, la tienda de campaña, una caja con comida, garrafas de agua...), corriendo por la resbaladiza plataforma para ponerlo todo a salvo de las olas. Sole saltó a tierra y el guarda volvió a la zodiac, y por fin pudimos respirar. 


La escaleras trepan por el lado menos escarpado del islote, conectando el "embarcadero" con el faro. Pero a mitad de la subida hay una pequeña casa en ruinas que iba a ser nuestro mejor cobijo, ya que dentro cabe perfectamente la tienda, para protegernos del omnipresente viento y de la lluvia que iba a caer.

Recordé una frase de El Jormaz de Saralham, en las Tumbas del Viento: "Conozco ese viento. Te hace sangrar primero, ensordecer después, y enloquecer finalmente. Conozco ese viento..." Quizás no sangremos por los oídos, pero sí que es un viento constante de noroeste, con rachas que me han llegado a hacer perder el equilibrio y tirarme al suelo en algunas ocasiones, por lo que es aconsejable mantenerse lejos del borde de los acantilados. Durante los dos primeros días el viento era muy fuerte; han sido días nublados, con llovizna, que no nos han dejado disfrutar del paisaje. Sin embargo el tercer día ha amanecido despejado con el sol brillando sobre el mar y un poco menos de viento.

Todo lo que no era acantilado estaba cubierto por esta
planta, que según Sole se come la goma de las botas,
por lo que hay que lavar las botas en cuanto se vuelve...
El primer día, después de comer, fuimos a explorar la isla y a ver la zona "comprometida", en el extremo oeste: es lo más arriesgado, porque sólo se puede ir en marea baja, hay que cruzar un resbaladizo paso y trepar por unas cuerdas por una pared volcánica, y no se puede tardar mucho en volver porque como haya subido la marea, te tienes que quedar allí atrapada y esperar seis horas hasta que vuelva a bajar, ya que el paso se cubre con las olas. El paso queda justo delante de una cueva que se llena por algún túnel submarino y dispara las olas hacia el mar, formando un gran estruendo y llenando el lugar de neblina. 

Acabé con los dedos llenos de heridas de tanto trepar por las ásperas rocas basálticas. La zona peligrosa parecía aún más estéril. Estuvimos allí sentadas unos minutos, viendo las olas pasar por el canal entre nuestra islita y la de Desembarcadouro, mucho más extensa, a nuestro oeste; las olas se levantaban más de dos metros y el viento las despeinaba, dejando una cabellera blanca de espuma tras de sí, iluminada por la puesta de sol, que se escondía detrás de la isla de Madeira. 

Desayunos en nuestro lodge. La taza esmaltada roja es la mía.
Tiene mi edad: es la que llevaba de campamento con 2 años

Por las noches nos dedicábamos a hacer escuchas, para intentar confirmar la presencia del pintainnho. Nos sentábamos al abrigo de unas cuevas calizas en lo alto del acantilado, o en el umbral del faro, protegidas del viento, con los frontales apagados y más o menos en silencio, para escuchar los cantos de las aves marinas, que aprovechan la oscuridad de la luna nueva para acercarse a tierra sin que los vean las gaviotas, las grandes depredadoras de aves marinas. 

LAT: Hidrobates castro (=Ocenaodroma castro) PT: Roque de castro, ES: Paíño 
Pero las noches eran silenciosas. Además de algunos graznidos de gaviota patiamarilla, escuchamos a los roques de castro (Hidrobates castro, paiño de Madeira), que se acercaban a nosotras en la oscuridad y volaban rasando nuestas cabezas con curiosidad; los veíamos recortados contra la oscuridad más densa del cielo. Una noche, incluso, estando ya preparadas para entrar en la tienda a dormir, entró uno de ellos en la casa y se metió entre las mochilas. Con mucho cuidado lo sacamos de allí, y como vimos que tenía anilla, la apuntamos y luego lo soltamos fuera de la casa. Pero se quedó un poco allí y nos dio la oportunidad de hacerle una foto.

El acantilado de las Almas Negras. 

 Tanto por la tarde como por la noche bajábamos a los acantilados a buscar nidos. Encontramos primero un huevo pequeño en lo alto de una grieta a la que trepé para ver si estaba caliente, pero como estaba frío lo cogimos para examinarlo. Era demasiado pequeño y amarillento como para ser de pintainho. Pensamos que debía de estar abandonado desde el año pasado, y que podría ser de Alma Negra (Bulweria bulwerii, Petrel de Bulwer). Poco después Sandra apareció entre las rocas con otro huevo abandonado, diferente, más grande, blanco y más apuntado. Sole nos dijo que tenía forma de huevo de pintainho, y esa noche nos acostamos contentas creyendo que teníamos evidencias de su presencia en la isla. Al día siguiente, entre los cientos de restos de alma negra que había en el difuso camino que llevábamos por el acantilado, nos pareció localizar un cadáver diferente, ya que no era negro completamente, sino que blanqueaba por abajo. ¡Podría ser un pintainho! 

Craneo de alma negra y cadáver con el que comparamos. El blanqueo de las plumas puede estar causado por la intemperie. Huevo posible de pintainho. 


A la noche siguiente, sin embargo, hice fotos estilo CSI o NAVY, para compararlo con otros huesos y cráneos de alma negra, que estaban por todas partes, y comparamos el tamaño del ala... y nos llevamos una gran desilusión a ver que era un alma negra.

También nos acercábamos a Bartolo, como habíamos bautizado la pequeña roca con forma de gigante comerrocas achaparrado y con la boca abierta que había a mitad del acantilado y que nos orientaba en aquel laberinto de piedras negras y bloques de basalto, por los que trepamos como gatas en busca de huecos y grietas que parezcan nidos. La última tarde nos sentamos en un lugar desde el que podíamos ver la gruta por la que salían las olas submarinas, a esperar la puesta de sol. De repente, Sole gritó señalando el mar. ¡ Era un lobo marino! Estaba muy cerca de nosotras y creo que se asustó del barullo que formamos al verlo, porque asomó la cabeza y se zambulló. Estábamos emocionadas, ninguna de las 3 habíamos visto antes uno en libertad.

Bartolo el ilheu - Comerrocas gigante
El día antes de nuestra partida estábamos algo preocupadas. El tiempo no era bueno y los guardas nos habían llamado para avisarnos de que era posible que no pudieran venir a por nosotras. Aun así, pasamos todo el día bromeando sobre que habíamos comido demasiado y no quedaba la comida de reserva, sobre lo que haríamos en caso de que no tuviéramos suficiente agua dulce o si tendríamos que idear alguna forma para conseguir agua del pozo del faro, quizás con una garrafa vacía y los vientos de la tienda de campaña. Cada vez que mirábamos el mar, estuviese como estuviese, ya siempre decíamos "Pues parece que está mejor!"


Al menos el pozo estaba accesible...
El último día, tras encontrar media docena de huevos abandonados diferentes, recogimos todo. Ideé una caja para llevárnoslos sin que se rompieran (más valía, el olor a huevo podrido no es uno de mis preferidos, y menos enrte la comida...) y poderlos estudiar más detalladamente en la sede de la SPEA. Bajamos todo el equipaje al embarcadero y cuando pasó la hora a la que habíamos quedado con los guardas, empezamos a preocuparnos... 



De repente, alguien llamó al móvil de Sandra. Como íbamos a estar sin luz eléctrica y no podríamos cargarlos, se llevaron teléfonos antiguos, de los que la batería dura más de 10 días. Yo por mi parte, ahorré batería encendiendo sólo media hora por las noches para escribir por telegram a mi familia y avisarles de que aún no había muerto. 

Quien llamaba era Laura, compañera de la SPEA que estaba junto a Estefanía en el otro islote, el de Desembarcadouro, haciendo lo mismo que nosotras. Nos llamaba para decirnos que había visto a la zodiac pasar en nuestra dirección! Iban a rescatarnos! 

PS: Hemos medido los huevos y no son de pintainho, sino que son bastante mas pequeños. Podría ser que sean de alma negra, y el pequeño que pensábamos que era de alma negra, que fuera de roque de castro. El mes que viene, en la próxima luna nueva, seguiremos con nuestra búsqueda. 

domingo, 11 de enero de 2015

Vacaciones por la isla con mi familia 2 - Teleférico y visita al Jardín Tropical Monte Palace

Al día siguiente, dicidimos salir  para subir en teleférico hasta Monte. Como yo ya había visto el Jardín Botánico y no me había gustado demasiado, y además pensaba que allí se podría aburrir mi familia, decidí llevarles a ver el Jardím Tropical Monte Palace, una quinta o finca con una gran variedad de plantas, jardines, fuentes y estatuas. 
Así que desayunamos en el jardín del teleférico y disfrutamos de la agradable subida. El día estaba completamente despejado y la temperatura era completamente primaveral, aunque a la sombra se notaba una brisa fresca que invitaba a ponerte una sudadera. A pesar de que la cola salía por la puerta, no tardamos mucho en subir a uno. 


Desde el principio decidimos que el jardín se parecía mucho a los paisajes que habíamos visto en videojuegos que nos marcaron, como Myst III y Riven. Así que iniciamos el paseo internándonos por el bosquecillo por el que bajaba el sendero. 



Una parte estaba decorada como un jardín oriental, con los puentes y las puertas del cielo típicas, y muchas estatuas de dragones. El agua está presente en todo el recorrido, ya sea en lagos, fuentes, saltos de agua, cascadas o paredes chorreantes.



Al llegar al lago central uno tiene la impresión de retroceder en el tiempo y espera ver aristocratas decimonónicos paseando por las avenidas flanqueadas por grandes paneles de azulejos.



El jardín está lleno de rincones secretos que explorar, como este pozo, donde los tres hermanos tuvimos la impresi+on de estar dentro del videojuego.


Podría hacer este post interminable con las cientos de fotos que tomé esa tarde, pero no lo haré.
Sí pondré sin embargo, la foto de las muñecas vestidas con el traje típico de Madeira.




Cuando caía la tarde subimos a la iglesia de Monte y tuvimos la suerte de encontrarla abierta y subir a sus torres para observar las vistas impresionantes de la puesta de sol.


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