miércoles, 7 de diciembre de 2011

Mantecados de harina de arroz

El ambiente navideño nos empieza a inundar, y la envidia por los mantecados me corroe. Así que me he puesto a bucear en la Interné, y di con la receta de Cdecocina, de harina de arroz. 


Estos han sido los resultados: 






La verdad es que estaban bastante buenos, pero no son clavaditos a los del Mercadona. ¡Los mantecados de Hacendado son los mejores del mundo! Y muy difíciles de imitar... :( jo. Mientras, intentaré mejorarlos.

sábado, 19 de noviembre de 2011

III Festival de las Grullas en Extremadura

Con el objetivo de fomentar y promocionar el turismo ornitológico en Extremadura, la Dirección General de Turismo ha organizando por tercer año consecutivo el “Festival de las Grullas”, que se celebrará el día 4 de diciembre de 2011 en el Parque Periurbano de Conservación y Ocio “Moheda Alta” (Navalvillar de Pela, Badajoz).
El programa de actividades del III Festival de las Grullas incuye charlas, talleres y juegos infantiles, cuentacuentos, espectáculos de animación, actuaciones musicales (grupo folclórico), proyecciones, degustación de migas y rutas ornitológicas guiadas a los mejores lugares para observar las grullas.



Si te apetece madrugar, también puedes “desayunar con las grullas” después de disfrutar observándolas saliendo de sus dormideros. Por la tarde se celebra simultaneamente el “XX Recibimiento de las Grullas” organizado por ADENEX.
 Habrá autobuses desde Badajoz, Mérida, Cáceres, Trujillo, Villanueva de la Serena y Don Benito (en breve estará disponible la reserva de plazas en la web del Festival). 

¡Animaos y acercaos! Podéis pasar un estupendo día en familia o con vuestros amigos mientras disfrutáis de estas maravillosas visitantes. ¡Os esperamos!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

II Jornada Extremadura en la Red. Encuentro de blogueros.


Bueno, este año participo modestamente en estas jornadas tan interesantes, que cuentan con el apoyo de de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura. Se trata de un encuentro para promocionar las grullas como recurso turístico, y se realiza en el Convento de la Coria, en Trujillo, el 27 de noviembre de este año (ya mismo, vamos). 

Este año se ha pedido la colaboración de los blogueros para editar un libro (en el que yo he tenido el privilegio de colaborar... ¡qué emoción!) que se entregará a los asistentes al III Festival de las Grullas, que se celebrará el 4 de diciembre en el Parque Periurbano de Conservación y Ocio "Dehesa de Moheda Alta", en Navalvillar de Pela (Badajoz).


Esperamos que sea interesante para todos y que os animeís a venir a Trujillo! Como sabéis el encuentro está dirigido a blogueros, fotógrafos de naturaleza o cualquiera que esté interesado en el fabuloso mundo de las grullas. Y también para los que quieran ayudarnos a promocionar el Festival de las Grullas y el turismo ornitológico en la región.


Las inscripciones para Trujillo son gratuitas y se pueden realizar en el siguiente correo:



Además, el programa cuenta con la participación de uno de los mejores fotógrafos españoles especializado en viajes y naturaleza, Francisco Márquez, así como el fotógrafo y divulgador Manuel Calderón, el biólogo Atanasio Fernández, o el geógrafo José Antonio Mateos.


Así que animaos y acercaos a disfrutar de estas preciosas visitantes invernales y acercaros!

lunes, 7 de noviembre de 2011

Magdalenas como las de verdad

Este puente tenía ganas de experimentar. Tenía un paquete de manteca de cerdo, porque había echado el ojo a varias recetas que la llevaban, pero no había conseguido reunir el valor para trabajar con un ingrediente nuevo, que no sabía si iba a ser fácil de manipular. Pero es mágico casi: es lo más fácil del mundo.


Y por fin, unas magdalenas como las que se compran. Pero no en mercadona, sino en las panaderías artesanas... porque no es por fardar, pero es que ¡me han quedado de muerte! Las he sacado de aquí, adaptando un poco las cantidades.

Ingredientes (para 12 magdalenas de molde de silicona):

  • 90 g de manteca de cerdo
  • 120 g de azúcar
  • 3 huevos
  • la ralladura de un limón
  • un puñadito de almendra en polvo
  • 100 g de harina de arroz tamizada
  • 20 ml de moscatel de Chipiona (u otro vino dulce)
  • almendras picadas crocanti
  • azúcar para decorar
Preparación
  1. Precalentar el horno a 170 ºC. Enmantecar los moldes de silicona. 
  2. Con batidora eléctrica, batir la manteca con el azúcar hasta que tome un color blanquecino y una textura de crema. 
  3. Agregar los huevos de uno en uno y mezclar bien después de cada uno. Añadir la ralladura del limón y mezclar con varilla manual.
  4. A parte, mezclar la harina con la almendra rallada y tamizar. Agregar en 3 veces intercalando con el moscatel, con movimientos envolventes sin trabajar demasiado. 
  5. Repartir la masa en los moldes y cubrir con almendras picadas y/o azúcar (para que quede esa costra tan rica de las madalenas artesanas, mmh!)
  6. Hornear durante 20-30 minutos. Cuando empiecen a estar doradas comprobar con un cuchillo; si sale limpio, ¡están listas! 
  7. Dejar enfriar antes de desmoldar y comer... si puedes aguantar la tentación, claro!
Espero que os gusten. ¡Están de la muerte! Y no tienen  nada que envidiar a las comerciales (estas incluso están más jugosas). ¡No me han durado nada! Enseguida me las he zampado...

viernes, 4 de noviembre de 2011

Dulce gatito

Y el gatito ya hacia su nueva vida con sus nuevos dueños. Jo, con lo lindo que era. Parecía una bola de piel...




Dulce gatito
parece una bola de piel
el bonito gatito
duerme gatito
bien bien bien...

 También me recuerda al cuento de Ray Bradbury que da título al último libro que publicó, "El signo del gato", el cual me leí precisamente hace dos días, que habla de un gatito en medio de una carretera por la noche, junto al que se paran un chico y una chica; como ambos quieren quedárselo y no convencen al otro, deciden irse a un hotel para poner al gato en medio de la cama y que éste decidiera el dueño. A la mañana siguiente, el gato no se había movido, pero la chica sí...

Espero que se lo pase bien en su nueva casa, y que lo quieran mucho mucho. ¡No a todo el mundo le dan una segunda oportunidad!

jueves, 3 de noviembre de 2011

El gato de Schrodinger

Esta mañana he conocido la paradoja del gato de Schrodinger en primera persona. Iba yo tan tranquila a Badajoz, cuando, por la modorra, me equivoqué de camino y me metí por donde no era. En esto que me da por mirar los coches del carril de al lado, y casi se me para el corazón cuando veo una bolita de piel (como diría Sheldon) de color amarillo, sobre la que están pasando todos los coches de la hora punta matinal. Un gatito de tres meses, asustadito, inmóvil, entre todo el tráfico de entrada de la ciudad.

Así que puse las luces de emergencia y me preparé para bajarme para recogerlo y al menos apartarlo de la marea de coches, cuando me veo que le pasa por encima un autobús. En ese momento me temí lo peor. Y es aquí donde entra la ecuación de Schrodinger: desde el momento que le cubrió el morro verde lima del autobús hasta que terminó de pasar, el gatino tenía las mismas posibilidades de estar vivo, que de estar muerto, vamos, que era como si estuviera vivo y muerto a la vez. Intenté mentalizarme de lo que podía aparecer cuando pasara el autobús infinito aquél, pero no fui capaz. Lo único que podía pensar era que por favor, que no se moviera ni un pelo, que se quedara quieto... y eso hizo, por suerte. Tras el bus pasó otro coche y ya (¡por fin!) se puso el semáforo en rojo y se quedaron los coches quietos. Me lancé fuera del coche y le pedí al que había posado su morro sobre el gatín que echara un poco para atrás, y en cuanto me llegó el brazo lo agarré con la mano y lo metí en La Forgu.

Así que ha vuelto a nacer. No estaba ni mojado, con la que ha caído estos días, así que pensamos que se ha podido escapar de alguna casa, porque está muy gordito y muy sociable.; sabe hacer sus cositas solo si se le enseña la gravilla y come pienso "de loz pequeñoz". El problema es que en el lugar donde me lo encontré no había casas, sino un polígono industrial.

Ya tiene dueño, el viernes irá a su nueva casa, con una niña que la semana pasada nos pidió un gatito. Electrón, como lo bautizó Mugen esta mañana, tiene 3 meses y aunque lleva solamente unas horas en casa, ya nos hemos encariñado con él. Será una despedida triste el viernes :(




¿Vosotros pensáis que las casualidades existen?

sábado, 15 de octubre de 2011

Pan de Molde estilo Casatiello.


Primer resfriado de la temporada. Así que toca tomárselo con calma y tirarse en el sofá. De momento estamos a principios de curso, y aunque tengo ensayos y esas cosas, este finde descanso. Así que me cogí el portátil (por cierto, Pepita pulgarcita no resucitó en la tienda, pero mi padre se la ha traído y la ha vuelto a poner en coma. Algo es algo).

Así que entre blog y blog de recetas, saltando de uno a otro por los blogrolls de las demás, encontré que Pikerita había hecho un Casatiello, un pan relleno italiano muy especial, pero ella lo ha adaptado para hacerlo sin gluten y sin ingredientes extraños. Así que me apeteció tanto que, con fiebre y todo, me metí en la cocina, porque es muy, muy sencillo. Si queréis saber algo de la historia también podéis visitar a CocinArte, que también lo hizo sin queso.


En mi caso la he adaptado para eliminar también los lácteos, y simplificando un poco, tampoco le he puesto los huevos duros por fuera. Por lo demás, la receta es casi igual que la de Pikerita:

Ingredientes.
  • 350 cc agua
  • 4 huevos
  • 10 gr. sal
  • 300 gr. harina de arroz
  • 200 gr. harina de garbanzo
  • 4 sobres dobles de gasificante
  • Chorizo sin gluten y sin lactosa de Torrecillas de la Tiesa (Trujillo)
  • Orégano y nuez moscada


Preparación:
  1. Echamos el agua, la sal y los 4 huevos en el vaso de batidora. Batir medio minuto. 
  2. Mezclamos bien en un bol aparte (bien grande) las harinas y gasificantes. Añadir a la mezcla anterior y mezclamos con varilla. Empezará a espumar. añadir un puñadito de orégano.
  3. Echamos la masa en un molde,  previamente untado de aceite de oliva, la mitad de la masa.
  4. Echamos, repartiendo, la mitad del chorizo en cuadraditos o picado en la picadora (¡amo a mi picadora!)
  5. Echamos el resto de la masa y por encima unos cuadraditos de chorizo para que queden a la vista. Espolvoreamos un poco más de orégano por encima, y en mi caso, como el chorizo lleva nuez moscada en el aliño, le he puesto una pizquita de nuez moscada para potenciar su sabor.
  6. Introducimos en el horno precalentado a 200º unos 30 minutos. Pasado este tiempo, habrá subido bastante; deberíamos pinchar con un cuchillo para asegurarnos de que está hecho también por dentro. En mi caso tuve que dejarlo 10 minutos más. 
  7. Se saca del horno, se desmolda y dejamos enfriar un poco antes de atacar sin piedad. 

¡ Soy muy feliz! Por eso lo digo públicamente: ¡¡Cómo te quiero,Pikerita, por esta maravillosa y riquísima receta!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Diarios de Viajes. Aldeacentenera. Ruta de los Molinos por el río Almonte.

Entre Martines y Martas. 
Nueva ruta, esta vez por las Extremaduras indómitas, esas Extremaduras aún por explorar, y que conservan la belleza de las cosas salvajes, una belleza fuerte y desgarradora que inunda el alma del explorador y conmueve lo más profundo. Creo que algo así tuvieron que sentir los grandes descubridores de América.

Esta vez, nos internamos aguas abajo en el río Almonte, Aldeacentenera, en busca de las raíces de Mugen.  En busca del molino que fue de su abuelo, y donde se crió su madre no hace tanto.


Capítulo 1.  El Río Almonte.

Hicimos un pequeño esfuerzo y nos levantamos al amanecer, para no llegar muy tarde al río Almonte, en su paso bajo el puente nuevo. Dejamos el coche en el apartadero, en la margen izquierda, cerca del antiguo vado y echamos a andar junto a la corriente, río abajo.
Río Almonte, tempranito por la mañana
Primero tuvimos que buscar un lugar entre los rollos del río para poder cruzar, ya que la primera parte de la ruta transcurre por la margen derecha. A todo  esto, no hay indicaciones ni nada: sólo seguimos las rutas abiertas por el ganado y los pescadores, que son los únicos pobladores de estas zonas.

Justo cuando alcanzábamos la otra orilla, vimos nuestra primera pareja de  martín pescador (Alcedo attis) volando con su brillante plumaje verde esmeralda a la pálida luz de la mañana brumosa.
Lo sé, es pequeña y borrosa... pero estos bichos corren que se las pelan
 Andábamos despacio,con cuidado de no levantar la voz, y observábamos los primeros petirrojos (Eritacus rubecula) de la temporada que deben de acabar de llegar. Estos migradores vienen del norte a pasar el invierno en nuestras dehesas, y a ponerse gorditos y prepararse para la crianza. Los petirrojos se cruzan con los papamoscas cerrojillos (Ficedula hipoleuca) que bajan al sur huyendo de nuestros fríos invernales. No pude afotar al petirrojo que no dejaba de marcar nuestra posición con su canto aflautado.

Papamoscas cerrojillo (fijaos en la mancha característica)

Tarabilla adormilada
 A la altura de la primera pesquera, donde se divide el río para desviar un cauce de agua para el molino, una tarabilla pensativa (Saxicola torquata) parecía admirar las luces mortecinas de la mañana temprana, mientras nosotros buscábamos un lugar para pasar al medio entre los dos cursos de agua. Entrábamos en los dominios del molino de Tío Venancio, el primero que se encuentra río abajo desde el puente del río Almonte.


 Capítulo 2. Entre los pastores de árboles del Tío Venancio. 
Una vez ganado el terreno entre el cauce desviado y el río, que según las leyes antiguas es terreno propiedad del molinero, echamos a andar por en medio de lo que se suponía había sido el huerto del Tío Venancio. Los árboles de aquel huerto tenían un diámetro y una altura increíble; parecían ents durmientes, a la espera de un nuevo mago que combatir...

ACTUALIZACIÓN: Es una dehesa de fresnos, la cual es bastante infrecuente en Extemadura. 

Yo en el regazo de un primo ibérico de Bárbol


Se podía sentir la vitalidad de aquellos vetustos árboles y recordé una frase del hobbit Merry, en el Señor de los Anillos: "¿Te acuerdas del Bosque Viejo, donde acaban los Gamos? Cuenta la tradición que algo en el agua los empujaba a crecer altos, y a cobrar vida. Árboles que susurran, hablan entre ellos y pueden moverse."


Bosque Viejo del tío Venancio
Mientras atravesábamos aquel estupendo huerto, rodeado de agua por ambos lados, vimos una collalba, creo que gris (Oenanthe oenanthe) enredando entre las ramas de uno de los ents. Pero fue complicado verla claramente, porque era muy esquiva. Casi podíamos sentir el susurro de los árboles. La antigüedad de aquellos pies nos dejaba asombrados a cada paso; el aire que se respiraba casi olía a sagrado, a veneración.  De muchos de los árboles caían verdaderas barbas de líquenes (Pippin habría dicho: "¡Mira todas esas barbas y patillas que se arrastran! Desaliñados. No alcanzo a imaginar qué aspecto tendrá aquí la primavera, si llega alguna vez; menos aún una limpieza de primavera").
Cruzamos una cerca de piedra para poder continuar nuestro camino, ya que el sendero que transcurría junto al río estaba invadida por las zarzas. No tiene mucha pérdida: solo hay que seguir aguas abajo, entre los dos cauces (el del río y el del molino).
 Un ratito después encontrábamos la primera casa del molino de Tío Venancio (allí en el pueblo, todas las personas con una cierta edad son llamadas con el título "tío" o "tía", independientemente de que exista o no algún tipo de parentesco real).  

En total, había unos cuatro habitáculos; sospechamos que uno sería la cocina, otro la casa, algún tipo de almacén y unas cochiqueras que se conservaban muy bien. Estos eran los módulos "habitables", podría decirse: donde se hacía la vida. 

Cochiqueras del tío Venancio
Si se continua río abajo, podemos encontrar las construcciones del molino propiamente dicho. 
Molino del tío Venancio
Como puede verse, el molino está muy bien conservado. Sólo faltan los tejados, que eran de madera y tejas, y que están derrumbados en su totalidad. No es muy peligroso adentrarse en ellos, si no se toca nada. En la foto de abajo puede verse cómo debería llegar el agua por el cauce de la derecha, girar 90º y entrar en el molino por dos conductos, para mover sendas piedras de moler.

Disposición del molino del tío Venancio.

Al llegar al molino, nos asomamos desde la terraza natural para ver el río: nuestra sorpresa fue enorme cuando descubrimos a otra pareja de martines pescadores, a tan sólo tres metros por debajo de nosotros; fue intentar sacar la cámara, y desaparecer con su vuelo fugaz y su brillo azul-verdoso. El río allí hacía un remanso y estaba muy calmado. El bosque en galería que nos rodeaba creaba una atmósfera casi mágica.
Entramos en el molino del tío Venancio y encontramos las piedras cubiertas de hojarasca y ripios. Cualquiera diría que estas piedras giraban gracias al movimiento que les transmitía un largo eje, movido por unas palas desde abajo con la fuerza del agua desviada del río que venía por el cauce que veníamos siguiendo. Sólo con ver las dimensiones de la piedra y su peso, y la profundidad hasta la que se introducían los álabes da una idea del estruendo que tendría que haber en aquella habitación, con las dos ruedas de molino girando para hacer harina. Imagino el olor del trigo molido, el sonido del roce piedra-con-piedra, y el estruendo de la fuerza del agua en las acequias, el chirriar de las compuertas de hierro, la actividad del molinero acarreando sacos de grano y de harina, las conversaciones, la luz que entraría por las ventanas... parecían fantasmas de un pasado que realmente, no es tan lejano. Una inscripción en un lucido de una pared tenía garabateado el año 1953.
Eje visto desde lo alto de la piedra

Álabes semienterrados y el eje que transmitía la energía motriz del agua a la piedra del molino

Piedras de molino

Nos sentamos a comer algo y a descansar en la puerta del molino, a la sombra de un árbol-ent que se había vuelto "arbóreo" cantando, o gritando, quién sabe.
Ent cantando
 Mientras nos acomodábamos sobre los canchos que afloraban por todos sitios, muchos cubiertos de agradable y blandito musgo, escuché un ruidito que provenía del árbol cantante. Cuando la vi salir, pelirroja, con sus orejas de miki maus, su larga cola peluda y su carita de fisgona, con una expresión descarada que hacía más gracia aún. ¡Se trataba de una Garduña, Martes foina! Rápidamente le alcancé a Mugen la cámara para que le echase una foto, ya que estaba en mejor posición que yo, pero tras mirarnos y olisquearnos, decidió que no quería ser amiga nuestra y se marchó. Tan sólo pudimos conseguir esto:

Martes foina.
Lo sé, no es mucho, pero os puedo decir que era una garduña, aunque al principio pensé que era una marta (Martes martes). Según la guía de mamíferos, el babero blanco la distingue muy bien de la marta, aunque no estaba tan acusadamente dividido como dice. De todas maneras, mirando fotos en gugle he visto toda la variedad de manchas blancas. Sé que era blanca, y no amarilla. Además, se supone que es un animal muy adaptable, que no tiene problemas para vivir en ambientes rurales (molinos y ruinas por ejemplo...).

Fue emocionante. ¡Mi primer mustélido (vivo y salvaje)! A la pobre debimos de despertarla, ya que las garduñas son animales muy nocturnos. Cuando nos asomamos al árbol-ent descubrimos que era parada suya habitual, pues lo tenía bien marcado por todas partes con excrementos y restos de sus presas.

 Capítulo 3. En busca de las raíces. El Molino del abuelo Teodoro.
Tras el descanso y la emoción del encuentro con la garduña, continuamos la ruta. En este punto se hace un pelí difícil, ya que no tiene pinta de haber sido transitada desde aquí desde hace mucho, mucho. Matorrales y zarzas cortan un poco el paso aquí y allí, pero se pueden apartar fácilmente, siguiendo el camino de cabras que serpentea junto a la orilla del río. Poco después nos encontramos un cráneo y restos del pelaje y los huesos de un jabalí (Sus scrofa) muy bien conservados, que confirman su presencia por estos parajes junto con los agujeros escarbados que vimos cerca de algunos arbustos, probablemente para buscar tubérculos.

Mucho más adelante la vegetación se abre. Encontramos la pesquera del abuelo de Mugen, donde dice que pescaba con redes desde una barquita. Parecía bastante profunda. Mugen me contó que los molineros se ganaban  realmente la vida con el huerto y lo que sacaban del río.
Tras un trecho que me pareció infinito, vimos el desvío del río hacia el cauce que lo conducía al molino. Cruzamos una pradera donde pastaba un rebaño de vacas que nos miraron un poco antes de seguir a lo suyo, y nosotros nos metimos en el cauce para ir a la sombra de los ents que vivían en el huerto del abuelo Teodoro. 

Pronto encontramos las casas. Teníamos un chozo redondo, en cuyo interior aún sobrevivían los restos de una chimenea, incluso con una sartén colgada, una carretilla y algunos útiles que me hicieron sentir la presencia de los antiguos habitantes del molino. Miré a mi alrededor y admiré el paisaje. Verdaderamente me hacía sentir pequeña. Las colinas estaban cubiertas de una dehesa asalvajada entre la que se veía asomar enormes canchos de piedra caliza. No  se veía una torre de luz en ninguna parte del horizonte. No se escuchaba ni siquiera el rumor de la carretera. No había basura de domingueros (tan omnipresente en nuestros campos, por desgracia).

Tan solo se escuchaba el piar de los pájaros, el viento en las copas de las encinas y el chirriar de algunos saltamontes. Me imaginé que aquél paisaje era el que veía todos los días al levantarse la madre de Mugen, inmutable, con una hermosura que me dejaba sin palabras y sin respiración.
He tardado muchos años en darme cuenta de que esta tierra tiene una belleza indómita; he tardado en aceptar que precisamente este aislamiento es el que ha permitido conservar todos estos paisajes, aún por descubrir, pero que no te dejan nunca indiferente.

Parte del tejado aún se sostenía sobre las vigas de madera, pero el interior estaba intransitable.
Mucho más lejos, el cauce se alejaba tanto de río, que la presencia de éste sólo se adivinaba por los zarzales que había al pie de la colina. Llegamos al molino del abuelo Teodoro, un poco más humilde que el de su vecino, pero también bastante bien conservado. Descansamos allí de nuestras 5 horas andando (aunque a la vuelta cubrimos el mismo camino en hora y media, a buen ritmo). Habíamos ido despacito, fotografiando mucho y parando para observar la fauna y la flora, los paisajes, el río...

En el molino aún podían adivinarse las dos piedras bajo la fusca y las hierbas, pero no se podía entrar apenas. Todos los cascotes del tejado y montones de ripios llenaban la habitación. 
Piedra de molino del abuelo Teodoro
Aliviamos nuestros pies en el río fresquito y descansamos mientras veíamos una pelea entre dos cangrejos americanos. Estos cangrejos han sido la salvación de las poblaciones de nutria en España; todo el camino que habíamos seguido estaba lleno de sus excrementos y de restos de cangrejos secos y blanquecinos por el sol.

Mugen recordaba haber estado allí muy pequeño, de visita con sus padres. Se le veía muy contento y entusiasmado, al poder recobrar aquella ruta y aquellos recuerdos. Allí habían vivido sus abuelos y su madre, conocida en el pueblo como la Molinera, no hace tanto tiempo. Entre aquellas encinas habían pasado parte de su vida, personas conocidas y queridas, personas reales, con rostros. No es un pasado tan pasado. Pero parece que hace siglos que ocurrió todo esto. Ahora el tiempo corre mucho más deprisa; la vida es ajetreada, no te da tiempo a ver lo que ocurre a tu alrededor, ni casi a comprenderlo. Pero la tranquilidad de aquellos tiempos se ha conservado en estos parajes, y podemos recuperarla emboscándonos, como dice Joaquín Araújo, disfrutarla en la soledad de esta belleza, en la compañía de mi hobbit preferido, visitando este Valle Largo.

 

sábado, 8 de octubre de 2011

Las consecuencias del Decreto del Carbón.



Indignante, tanto la actuación de el señor Vitorino Alonso, como del gobierno de España. Y encima, nos suben la factura de la luz. En serio, ¿en qué se supone que estábamos pensando?

martes, 27 de septiembre de 2011

CUADERNO DE CAMPO. Otro pajarito. Ficedula hypoleuca

Este año está siendo un poco raro, climatológicamente hablando. Un verano más que suave, lluvioso, un otoño que no quiere llegar, una primavera que no quería irse... no sé si será esto lo que despista a los bichos, o será que este año estoy más observadora de lo normal aquí en mi casa. 

Ayer nos despertamos con un canto nuevo entre las encinas. Mugen me dijo al despertarse que había visto en la ventana un pájaro un poco raro, con una mancha blanca en el ala así y así. Yo pensé en una bisbita o algo parecido, pero cuando, aún entre las sábanas, le di la guía para que buscara uno parecido, me señaló un Papamoscas cerrojillo. Miré el mapa de distribución de la Peterson, y me pareció raro que se encontrara aquí, ya que el mapa indica que es del norte de España y Europa. Pero Mugen seguía convencido de que era un Papamoscas Cerrojillo.

Total, que entre pájaros nos fuimos a desayunar. Los gaticos también querían salir ya de paseo, así que les abrimos la puerta. Y resulta que cuando lo hago, escucho un canto extraño, me quedo un momento con la puerta abierta, y veo un pajarito pardo, con una mancha blanca en las rectrices, que revolotea muy cera de mi porche. Salimos los tres (La MariMuy, Mugen y yo) a ver si volvía a aparecer, pero no daba señales, así que decidimos volver a dentro. 

Mientras desayunábamos, seguíamos escuchando el canto característico, un metálico uit, según la Peterson, que sonaba así:


Así que pensé que de estar en alguna parte, estaría cazando bichitos en la compostadora. La duda ya me corroía y, cámara en mano, salí sigilosamente hacia la parte de atrás. 

¡Zas! La primera en la frente. No me lo podía creer. Era idéntico (bueno, idéntica, creo que esta es una hembra) a la de la guía; prácticamente no cabía duda. Y tiene una mosca en el pico...

Ficedula hypoleuca o Papamoscas Cerrojillo, con una mosca en el pico.
Así que nos sentamos en el porche, a la mañana fresquita, con los prismáticos y la cámara a esperar que pasara. La MariMuy había desayunado allí, y decía que se le había posado prácticamente al lado varias veces. 

Leí en la Peterson que son muy inquietos, sacudiendo constantemente las alas y la cola, y la descripción iba que ni pintada: venga a hacer cabriolas, venga a volar de aquí para allá... pronto descubrimos que era una pareja que no paraba de bailar. Fue muy difícil pillarlos quietos con la cámara, pero algo conseguí. Eran muy nerviosos, me recordaba al celo de algunas aves, pero no creo que estas estén en celo, pues ahora se avecina el otoño, y se supone que tienen que migrar a África, así que puede que estén sólo de paso. Es transahariana y tiene que pasar el invierno en el oeste de África.

Aquí el papamoscas se me posó justo encima.
Lo único que no conseguí verles era la mancha blanca en la frente que se supone que tiene el macho. No sé, lo mismo es sólo en el plumaje de verano y estos ya están mudaditos... ¿Alguien sabe algo? 


Aquí pueden apreciarse las manchas blancas de las rectrices, características del Papamoscas cerrojillo.
Los Papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca) son de la familia Muscicapidae. Por si no lo había dicho, son insectívoros, es decir, que capturan la mayoría de sus presas (moscas y demás insectos) volando, lanzándose desde una percha o  buscando entre las hojas. Se supone que es un ave frecuente en robledales y pinares, y menos en encinares, pero lo normal es encontrarlos a 1000-1500m de altitud. También se supone que su distribución mediterránea es fragmentada, ya que se restringe a cadenas montañosas (Sierra Nevada, Sierra Morena, Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico y Central...) aunque por el norte y centro de Europa se distribuye de forma homogénea (esto lo he sacado de asturnatura).



Entre otras cosas, me ha hecho ilusión encontrármelo porque es una especie "especial". El Catálogo Nacional de Especies Amenazadas la cataloga como especie de interés especial (en Extremadura se considera así desde el año 2001) ya que puede verse amenazada por la pérdida y degradación de su hábitat, y  también por el aislamiento de las poblaciones. La IUCN cataloga al Papamoscas Cerrojillo como especie de menor preocupación (LC). Eso quiere decir que si seguimos por el mismo camino, puede verse amenazada, aunque aún no está en peligro peligroso...

Me alegro de haberte conocido, Papamoscas cerrojillo. Un gusto tenerte por estas tierras.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Bajo el Mar...

Recordemos nuestros periplos buceadorísticos. ¡Echo de menos salir todos los fines de semana a la playa, aunque hiciera un frío de tres pares, y echar unas buceaditas y una cerve en "El Mirador"!


martes, 6 de septiembre de 2011

Y yo también.

Esta mañana leía esta reflexión de mi amigo Miguel, que me ha conmovido:

 Quiero estar

Pues sí, esta mañana, a modo de broma, de chascarrillo de café mañanero, alguien me ha comentado que soy un chico 15M sin motivo, debido a que mis padres tienen una casa más que decente.

No me molesta, ni mucho menos, la broma, pero me ha llevado a pensar en ciertas cosas, que a veces se nos olvidan, de quién impulsa los cambios en esta sociedad. Me ha llevado a pensar que hasta el día de hoy pocos cambios han venido provocados por indignaciones reales de los de abajo. Y es que los tenemos tan aplastados que bastante tienen con sobrevivir. El día que se levanten de verdad se van a acabar las bromas de los cuatro idiotas que mandan.

La educación y los libros, que tampoco faltaron en mi casa, y que estaban ahí antes que la piscina del patio, han ayudado a que uno se dé cuenta de que no es necesario pasar hambre para darse cuenta de que algo falla. Y sí, soy consciente de muchas cosas que se te están ocurriendo y que no hace falta que mencione, pero que, en su día, quise reflejar en esta canción:

Quiero estar
(Miguel Blanco, Badajoz, febrero de 2006)

Sé bien que no soy
el más indicado para hablar,
pero no me puedo callar.

Que nací con todo dado
y que no sé lo que es luchar,
ni tampoco sudar.

Sé bien que no soy
maestro de conciencias ni razón,
sólo tengo mi voz.

También que soy más parte
de culpa que de solución,
y hasta pido perdón.

Y no vengo a convenceros de revoluciones
que ya están en vuestras mentes
de las que ya estáis al frente.

Sólo ofrezco para resolver las emociones
mi guitarra y mis canciones:
mis recuerdos del presente en el que quiero estar.

Sé bien que no soy
más que un sueño atado a una canción
por la que me dejo la voz.

Donde mi utopía tiene
reservado su rincón,
tenga o no la razón.

Sólo sé que soy
un tipo raro al que le duele ver
a la gente perder.

Y que estoy harto de ver
la peli desde mi sofá
y ahora quiero luchar.

Y no vengo a convenceros de revoluciones
que ya están en vuestras mentes
de las que ya estáis al frente.

Sólo ofrezco para resolver las emociones
mi guitarra y mis canciones:
mis recuerdos del presente en el que quiero estar.
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