lunes, 7 de enero de 2013

Cosas de la urbe: Algo peor que las cotillas de la escalera...

Hoy he confirmado mi teoría. Siempre había pensado que las cotillas de la escalera eran temibles. Y lo son en verdad. 

Pero hay otro ente vecinal que habita en las sombras... oculto, ladino, y aún peor. 

Hoy he tenido mi segundo encuentro ascensoril con él. Y quizás porque el anterior había sido muy similar, aunque con otro individuo de la misma especie, esta vez no me ha pillado desprevenida. 

Su conducta es altamente predecible, si sus ataques no fueran demasiado próximos. El peligro es que no solemos acordarnos del anterior, y nos pilla por sorpresa, completamente desarmados. 

Se trata de El Temible Señor Cotilla. Su densidad de población no debe de ser muy alta, pero he tenido la suerte (o la desgracia) de cruzarme con dos especímenes similares, en las mismas condiciones. Suele tener el aspecto de un señor muy señoreado, sofisticado, con o sin corbata, pero de modales correctos. 

Su primera pregunta parece inocente, pero no es más que le preludio de su raudo ataque, que en ambos encuentros ha sido idéntico.
Temible Señor Cotilla: ¿A qué piso vas?
Cota-K: Al quinto.
Y es ahora cuando pone esa mirada de profesor, ese tono de autoridad conferida por su edad, para dar el golpe maestro:
Temible Señor Cotilla: ¿En serio? ¿Y en cuál vives?
Esta vez estaba prevenida. En el anterior encuentro me vi como una tonta diciéndole la letra de mi puerta, atemorizado por los ojos acerados y el tono de su voz... pero éste no me ha pillado desprevenida. Le aguanté la mirada y no tuvo más remedio que seguir hablando.  
Temible Señor Cotilla: En el quinto está Carmen, ¿no? Y... 
Cota-K: Sí, soy la vecina de Carmen*.
Temible Señor Cotilla: Eres nueva por aquí, ¿no? No te había visto antes. Aquí estás muy bien situada, ¿verdad? Cerca de todo. ¿Has venido ahora a empezar la universidad?

Cota-K: No, estoy haciendo el máster este año. Me licencié el año pasado.
¡Bingo! Conseguí desviar su atención para que siguiera el tiempo suficiente hasta llegar a mi piso y bajarme lo más rápido posible pero sin llegar a parecer maleducada. 

A la espera de ampliar los datos mediante muestreos, se puede hipotetizar que, al contrario que las Cotillas de la Escalera (que quiere saber todos los detalles de las vidas de todos), el Temible Señor Cotilla tiene un solo objetivo: averiguar en qué piso y letra vives. Y para ello su ataque tiene que ser rápido. 

La única salvación es ganar tiempo, desviar la conversación. Y tener la suerte de darnos cuenta a tiempo de con quién nos hemos subido al ascensor. 




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