martes, 4 de marzo de 2008

Carabí-rurí, carabí-rurá

Hoy ha sido un día de muette. Por fin he pasado el parcial de bioquímica, como quien pasa un sarampión (y esperemos que no traiga culebrilla) y no sin esfuerzo. Pomu y yo habíamos planeado una tranquila mañana de repaso con comida en el césped al solecito de marzo. Pero no habíamos contemplado la posibilidad de que Toni llegara sin resuello a nuestro despacho y nos mandara al decanato de ciencias a recoger "una lechuza, o un cárabo, no lo sé, moribundo en la ventana de una clase".

Cuando llegamos, la conserja nos esperaba impaciente, antes de poder preguntar dónde estaba el bicho ya había salido de la garita y nos llevaba al jardín, donde había tres o cuatro alumnos de química hacendo fotos con móviles. Y entonces caí en la cuenta de que yo había estado una semana llevándome la cámara de fotos sin hacer prácticamente ninguna, y hoy precisamente que la sacaba...

Era un pollo de cárabo lleno de plumón, como sospechábamos, pues ya habíamos oido historias sobre una familia de ellos el año pasado. Estaba posado en la reja de una clase, mirando con sus ojos como espejos a los muchachos y sus móviles.


La conserja nos prestó "la bata de las emergencias" para intentar cogerlo. Las garras tenían un aspecto puntiagudo y pinchoso, y el pico, aunque estaba lleno de sangre, también era bastante importante. Debía de haberse chocado con la ventana intentado aprender a volar.

Se dejó cojer sin ningún problema y comprobamos que era como un peluche. Al menos se nos hundían dos falanjes en el plumón al acariciarlo, y entre tantas plumas costaba encontrar el cuerpecillo, pequeñito y blandito.
Nos lo llevamos a Biología y la gente nos miraba por la calle, y el carabino miraba a la gente y le daba la vueta completamente a la cabeza...

Mientras el Pajarero se tomaba un café, la Shumaker y Pocahontas llegaron y se quedaron alucinadas con el peluchito (Pocahontas quería llevárselo para ponerlo en su cama) Subimos con las chicas de limícolas y mientras le limpiábamos el pico con un poco de agua oxigenada, Pipe trajo unas anillas y el alicate.

Una vez anillado, se lo llevamos a Toni a su despacho, ya que había sido quien nos había avisado. Cuando se enteró de que no le habíamos echo fotos con una cámara, intentó buscar la suya, pero estaba sin pilas... la ley de murphy de nuevo.

Después, ya sólo quedaba una cosa: buscar un sitio para devolverlo. Buscamos su nido por los alrededores sin mucho éxito, pero encontramos un buen sitio en la parte de atrás de un ciprés, donde lo dejamos, a la espera de que regresaran sus padres.


4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. esasa son las cosas q kiero evitar

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  3. Hola! otra vez aqui; y es que tu blog me tiene enganchada, voy leyendo poquito a poco y no tiene desperdicio. Esta historia del peluche es entrañable, espero que nos puedas aportar noticias sobre ella y que sean inmejorables.

    Un besito al bichito si lo ves por algún ciprés.

    Enhorabuena!

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  4. Perdón la "anonima" fuí yo...

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