sábado, 17 de septiembre de 2016

Llegada a Sharm. Gatos egipcios en casa de Wael.

A mi llegada a Sharm para trabajar con Wael en la promoción de los safaris de buceo,me estaba esperando una comitiva muy especial en su casa.









Todos vinieron a saludarme y a pedir restos del pescado a la brasa y la sopa de marisco que compramos en el Old Market. Cerca de catorce mininos pasaron por el patio a hacernos compañía mientras Wael fumaba shisha y nos tomábamos un té después de comer.



Pero el gato más bonito llegó después.

-Este es el mío -me dijo Wael-. Lleva dos años conmigo. No come nada más que pienso, no le gustan las sobras. Y tiene otra cara, no parece egipcio.



Es el único que deja que entre en casa, pero cuando cerramos la puerta de la terraza se pone nervioso. Parece que solo está a gusto cuando sabe que puede salir.



Efectivamente, no tiene la cara alargada de los demás, con ojos saltones y narices anchas. Se parece mucho a un gato montés, con la barbilla blanca, la cola anillada con porra negra y la planta de las patas totalmente negra. Y la forma de la cara es más redondeada, tipo europeo.

El gato de Wael se dio una vuelta por la casa, nos dejó que le hiciéramos algunas carantoñas y sin que nos diéramos cuenta desapareció tan sigilosamente como había llegado.

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