lunes, 13 de junio de 2011

El Salto (La Herradura)

Ha llegado la hora de rememorar viejos tiempos, más de un año después den esta mítica inmersión que fue la prueba de fuego de que puedo bucear tranquilamente, aunque las cosas se pongan un pelín feas.

Estábamos en la Herradura, y habíamos planeado hacer la inmersión conocida por los habituales como "El Salto" porque no se sale desde playa, sino que para entrar en el mar hay que dar un paso de gigante desde una roca algo elevada, un pequeño "salto".

Las vistas desde el acantilado.
Pablo, si pasas por aquí, recuérdame qué punta es esta.

Nos equipamos en lo alto del acantilado, para bajar los equipos de un golpe. Yo llevaba mi gorro de baño puesto bajo el gorro del traje, porque hacía fresquito, y Pabletas no dejaba de llamarme "burbujita de freishené".



La verdad es que el camino para bajar los equipos era un poco impracticable, y tenía más miedo de caerme por el acantilado con botella incluída, que de lo que me esperaba abajo... Era mi octava inmersión... contando con las 5 del curso.



Esta es la piedra desde la que hay que saltar, y un poco más arriba se vislumbra el camino de tierra, resbaloso bajo las suelas de los escarpines y el peso de las botellas. Javi me decía que no era justo que chicos y chicas tuviéramos que cargar con el mismo peso.





El agua estaba helada. Una de las veces que más fría la he sentido, 12,9ºC según mi logbuk. Tuvimos que nadar un buen trecho en superficie para encontrar un lugar con más fondo y más apropiado para empezar el descenso.



JuanDi y Pablo fueron mis parejas (bueno, sí, hicimos un trío, pero no es la primera vez, ¿no? ^^ jeje) de la inmersión. Cuando empecé a bajar me sentí mareada, algo que nunca me ha pasado, porque cuando meto la cabeza debajo del agua es como si me transportara a otro mundo, pero la visibilidad era malísima, y había algo de oleaje. Las gafas se me empezaron a llenar de agua. Eso no es un problema cuando es un poquito, pero cuando se te inundan continuamente de manera que no ves aunque quieras, porque el agua te sobrepasa los ojos, puede ser un poco bastante molesto. Aun así, yo no me quejé y seguimos para adelante.

Buceamos pegados a las piedras, arrastrádonos como reptiles, y a veces íbamos de la mano para no perdernos: no había más de dos metros de visibilidad en los mejores momentos.

Por lo menos vimos un pulpo de muy buen tamaño entre las piedras, que nos miró un segundo antes de espachurrarse en su huequecito y desaparecer. Se puede encontrar un pulpo observando con tranquilidad las rocas: un montoncito de conchas rotas o restos de algún tipo pueden indicar una cueva de algún bicho.



Pero en aquellos momentos no estábamos para mirar si había conchitas rotas o pinzas de cangrejos en algún lugar. Yo empezaba a tiritar de frío y a cansarme un poco de la monotonía de la inmersión, todo el rato vaciándome las gafas. Juandi se paró en una roca para coger unas muestras con su martillito; estábamos a 25 metros, y aquello estaba un poco oscuro y muy, muy frío. Como tardara mucho me iba a terminar de congelar...

Para no helarnos, Pablo y yo nos pusimos a mirar de cerca las piedras, por movernos y hacer algo, y encontramos una bonita ascidia colonial. Ninguno llevábamos cámara, así que tendréis que imaginárosla. Si Pablo tiene alguna, se la pediré para ponerla aquí.

Las gafas siguen inundándose; para vaciarlas, hay que espirar por la nariz al tiempo que se sujetan por el entrecejo y se mira un poco para arriba. El problema es que en esos dos segundos puedes perder el control de tu profundidad y subirte o bajarte demasiado. En ese momento entra el papel de tu pareja (en mi caso de mis parejas) que me agarraban para que no me subiera cada dos por tres.

Cuando llevábamos como veinte o veinticinco minutos de inmersión helada e incómoda, de repente dejé de sentir una aleta. Miré hacia atrás y entre el agua de las gafas vi que se había roto y se había quedado en una roca, cerca de mí. Tiré de Juandi, que ya se había dado cuenta, y quise agarrarme a alguna roca en la pared para que me intentaran arreglar el estropicio. Pepe siempre me daba los materiales más viejos del Cugas, con la de aletas nuevitas que había en el almacén...

Pero parece que Juandi calibró la situación como más grave de lo que pensaba yo, y temiendo que me pusiera nerviosa a 25m de profundidad, con frío, gafas inundadas y sin aleta, decidió que la inmersión había terminado. Le dio la aleta a Pablo; me cogió en brazos y con unos cuantos aletazos subimos hasta los 6m de la parada de seguridad. El agua se volvió un poco más transparente, y la temperatura subió algo, o quizás era la luz del sol, que daba un color más ambarino a las rocas de aquella profundidad. Allí, sentada en un saliente de la roca, sin querer mirar si había espachurrado algún coral, opistobranquio o cualquier otro bicho que pudiera vivir allí, conseguimos arreglar un poco las aletas y esperamos los 3 minutos reglamentarios de seguridad (bueno, nosotros solemos alargarlo a 5, si se puede, para no correr riesgos) antes de subir a la superficie.

El sol, los charranes chillando en las boyas, la pared del acantilado sobre mí y el leve oleaje me recibieron con una agradable sensación. No es por fardar, pero no me puse nerviosa. Sabía que me quedaba aire suficiente, y mientras se pueda respirar, no hay por qué perder la calma.

Juandi aplaudió mis nervios de acero en aquella complicada inmersión, equivalente a 50m en aquellas condiciones, y más al saber que sólo había buceado un par de veces más desde el curso, mientras me remolcaba con un mosquetón hacia el punto de salida del salto. Estaba cansada y helada.



A pesar de todo, y de todo lo que me gusta bucear, me alegraba de haber vuelto a la superficie.

domingo, 12 de junio de 2011

Marruecos II, una experiencia inolvidable. Día 1 (2ª entrega)

Vegetación mediterránea del Rif
Tras un pequeño paseo por la parada botánica obligada en el río Martil, donde los profesores se entusiasmaron hablándonos de de las condiciones excepcionales de temperatura, humedad y aislamiento de aquél lugar y las formaciones vegetales típicas (una mezcla del mediterráneo que habíamos visto en otras excursiones y especies más africanas) pusimos rumbo al Rif, al parque natural de Jebel Bouhachem, donde nos alojaríamos en las casa rurales de una aldea de la montaña en el corazón del parque.

¡La primera orquídea de la expedición! Es una Ophrys apifera.

Cistus albidus, jara blanca
Pasamos por Chefchaouen, el último de los asentamientos de tamaño considerable en nuestro camino, y nos fijamos en su actividad caótica desde el autobús.

Chefchaouen (Xaouen)
Empezamos a subir por las colinas peladas, por caminos sin asfaltar, llenos de baches y estropeados por las últimas lluvias que habían sido algo más fuertes de lo normal. El autobús iba rápido (demasiado para el estado del camino) para luego frenar y ajustarse a curvas imposibles con cierta temeridad.

Los caminos estaban en mal estado debido a las lluvias torrenciales de la primavera
-¿Qué se supone que debe hacer una en estos momentos? -le pregunté al profesor mientras dejábamos atrás el enésimo barranco. Cada vez eran más profundos y el camino estaba en peores condiciones.

-Reza a Alá y no pienses en nada más. Ni mires el precipicio.

Trepamos durante horas por aquellas colinas en la tartana marroquí, que parecía incombustible. No vimos apenas señales de presencia humana; de vez en cuando veíamos a algún hombre tumbado al hastial (como diría el Pajarero) o algún pequeño rebaño de cabras hábilmente conducido por un morito descalzo.

Jaimas en el valle
Vimos un puñado de jaimas en un pequeño asentamiento nómada, pero nada más. A parte de aquello, era como si aquellas enormes extensiones de tierra no fueran de nadie... Me sentí como imagino que se sentirían los colonizadores de América (alguno, supongo que se sentiría así) con kilómetros de tierras vírgenes por explorar por delante. Las colinas cada vez eran más altas y más verdes. En el camino terminamos con lo poco que quedaba de las viandas compradas en Martil y el hambre empezó a apretar.

Tras un rato largo, empezamos a ver algunos árboles dispersos. Los caminos se habían escarpado hasta niveles inimaginables y el calor empezaba a ser agobiante, a pesar de la brisita que entraba por las ventanillas abiertas.


En bus se paró cuando llegamos a un prado por el que corría un riachuelo y en el que dos sapos tenían un momento de intimidad que fastidiamos nosotros los biólogos con nuestras camaritas y nuestra curiosidad.

Parada en las turberas frente a las casas rurales

Amplexus de Bufo bufo, sapo común.
Cogimos las mochilas con la comida y subimos por un camino vallado con tablas y alambres. Unas cabras nos miraron con sus ojos de poseídas; el calor y el hambre empezaban a hacer mella en los ánimos, máxime cuando no sabíamos exactamente hacia dónde íbamos ni si iba a ser muy largo. Todos estábamos deseando sentarnos a la sombra y pegarle un trago a la botella de agua.



Una manada de niños morenos de diferentes edades salieron a recibirnos a la mitad de la subida; les regalamos algunos bolígrafos y chucherías que llevábamos a propósito para ellos (ahora sé que no es aconsejable practicar el limosneo... para el desarrollo de las comunidades no es bueno, pues se acostumbran a esta dinámica y nunca sienten como propios los proyectos, ya que es más fácil esperar el regalito del blanco rico que trabajar por el desarrollo de la comunidad).

Al llegar arriba, nos encontramos con un par de casas bajas pintadas de azul, gallinas sueltas sobre el polvoriento suelo que picoteaba la tierra en busca de algún bichito, y algo que (incongruentemente) me pareció una cochiquera. Claro, así de bote pronto, no caí en la cuenta de que sería bastante difícil encontrar un cerdo hozando por aquellos lares. Pero al ver unas uralitas apiladas, es lo primero que se me vino a la cabeza, ya que en Extremadura es típico verlas así en las fincas de cerdos.


Así que, mientras, nos acercamos un par de personas a investigar. María la Fotógrafa se atrevió incluso a echarle una foto al interior. Porque lo que vimos nos dejó de piedra. Dentro lo que había era un horno. Y una mujer, muy arrugadita, sentada en el suelo, abrigada hasta las cejas, con la puerta cerrada (en la fotografía se ve abierta, era una plancha de corcho) haciendo panes (los redondeles que se atisban en el interior). No fuimos capaces de adivinar por qué, en aquellas condiciones de temperatura (bajo una uralita tostada por el sol, junto a un horno encendido, con varias capas de ropa) ella misma no se había recocido. Cuando la buena mujer salió, por señas le preguntamos si aquellas tortas se comían, y ella se agachó con dificultad, cogió uno de los panes, le limpió las cenizas con un trapo mugroso y nos lo regaló. En otras condiciones no habría ni tocado el pan, pero no quisimos ser desagradecidos con aquella gente que nos iba a acoger. Estaba buenísimo, casi más que el de Martil.

Comimos lo que habíamos llevado desde Granada en el "jardín" de aquella casa, mientras hacíamos los grupos y compartíamos tortilla de patatas y el pan de la señora del horno. Los habitantes de aquella casa no salieron mucho, pero algunos de los muchachinos se prestaron a hacerse una foto. Esta está tomada de sorpresa; la señora asomada a la puerta es la del horno. Atención especial a la cantidad de ropa que lleva. El de la chilaba negra es el patriarca; es como el jefe de la aldea.


Nos dividimos en tres casas, y aquella era una de ellas, en la que se quedó el grueso de profesores y algunos alumnos. Nosotros fuimos a la segunda casa, y al último grupo, le tocó la casa que estaba a media hora de allí (y del autobús, que se quedaba allí aparcado) andando... (nosotros apenas 15 min)

De camino a nuestra casa, vimos que la vegetación del lugar era exuberante; yo estaba esperando ver aparecer un Velocirraptor entre los helechos, casi tan altos como yo, que crecían bajo el bosque de pinos que rodeaba a la "aldea" por llamarla de alguna forma, porque las casas estaban bastante dispersas.



Una pareja de caballitos del diablo sobre los Pteridum aquilinum (helechos de águila)
Al llegar a nuestra casa rural, comprobamos que se trataba de una casa de invitados, donde estaríamos atendidos por una de las mujeres de la casa contigua (seguro que era muchísimo más joven que yo, pero parecía mayor). Nada más llegar, pusieron la mesa y nos sirvieron un té de hierbabuena de bienvenida. El más bueno que yo había tomado en mi vida, con el matojo de hojas de hierbabuena frescas y mucho azúcar (me ha gustado tanto que, desde entonces, cada vez que me pido un té moruno en un bar, pido 4 sobres de azúcar...)

Antes de salir de España, nos recomendaron que no tomáramos más que agua embotellada, o hervida.
En este caso era agua hirviendo así que no debería haber ningún problema
Y luego, a echar la siesta antes de hacer la excursión de la tarde...

La casa tenía dos dormitorios, el salón común y una especie de cuarto de baño a la europea, con taza de vater y todo
Salimos por los alrededores; todos estábamos agotados, así que sólo fue "una vuelta" por las turberas y el bosque de pinos que rodeaban las casas, en pleno corazón del parque de Jebel Bouhachem.

Un señor pastoreaba un rebaño de vacas por el posque

El sendero transcurría por un espeso sotobosque en un alcornocal mediterráneo.
Vimos la vegetación arctoterciaria (antigua, que ha sobrevivido por su aislamiento y sus peculiares condiciones climáticas) y algunas cosas curiosas, como las colmenas artesanas hechas con corcho. Aquello estaba lleno de alcornoques, y por todas partes se veían elementos hechos de su corteza.

Colmena artesana de corcho 
Almacén de láminas de corcho cerca de la aldea.

Encontramos algunas orquídeas, pero la prisa y el cansancio me impidieron tomar nota de nombres y esas cosas que se suelen hacer en estas excursiones. Al menos tengo la foto.

Serapias sp
Erica sp en la turbera

En esta charca-turbera estuvimos un rato intentado identificar unas lagartijas de colores que correteaban alrededor, pero al final no lo conseguimos
Foto de grupo en el alcornocal
Tras la obligada foto de grupo, cogimos el caminito de vuelta. Pero era demasiado tarde; se nos echó la niebla y la oscuridad encima.

La niebla no nos permitía reconocer el camino y se hacía peligroso andar por la turbera

Los guías (padre e hijo; un hijo bastante pequeño para que diera confianza en guiar bien...) se pusieron a discutir el camino más corto, y al final nos dividimos en dos grupos. A duras penas, y en la oscuridad, conseguimos alcanzar la carretera.

(Continuará... En la próxima, la opípara cena de cuscús del Rif y las pintorescas casas en las que nos alojábamos)

sábado, 11 de junio de 2011

Trabajo en grupo. Basado en hechos reales (del mundo real).

El profe entra en la clase, se presenta y ves que se dirige a la pizarra. Coge una tiza, la parte y alza la mano. Trocitos de yeso caen con cada letra, resbalando como una lluvia blanca de estrellas fugaces. La bata blanca se balancea a unos milímetros del encerado cuando, con letras mayúsculas, escribe las temidas palabras.

Yo, personalmente, me echo a temblar cuando veo las palabras mágicas, en cualquier parte. Se me ponen los pelos de punta y me castañetean los dientes; es una de mis peores pesadillas. Todos hemos pasado por la experiencia de tener que presentar un trabajo, unas prácticas o unas memorias en grupo, ya sea en el instituto o en la universidad. Y todos sabemos en qué consiste, y lo que ocurre al final. Nos sabemos la teoría. Hay dos estrategias: o se hace entre todos, a la vez (lo que suele ser poco operativo, sobre todo si el grupo está formado por 12 personas), o se divide el trabajo en partes más o menos equitativas y se junta todo al final.

Siempre hay roles, y cada uno asume el que más le conviene o el que más se ajusta a sus preferencias. Hay alguien que coordina, alguien que revisa, alguien que maqueta y alguien que hace algo de trabajo duro. Y todos lo hacen lo mejor que pueden, a favor del grupo y de ellos mismos. Porque la nota es para todos. Y lo que uno haga influye en la nota de todos. Es una responsabilidad colectiva, todos aportan y reciben en consecuencia.

Pero ¿qué ocurre cuando alguien no asume su parte de responsabilidad? Alguien que hace lo primero que se le ocurre, por ejemplo, copypaste de wikipedia, y no se molesta ni en quitarle los enlaces o los retornos de carro, dejándolo todo bonico. Pues bien, siempre ocurre que, o alguien, un alma caritativa, hace su parte del trabajo, con lo cual ya está haciendo más del que le corresponde (y quizás eso le pase factura), o todos reciben las consecuencias de ese mal trabajo, que con una pizca de esfuerzo podía haberse evitado. Porque todos somos iguales, ¿no?

Todos los profesores te dicen que mandan trabajos en grupo para enseñarnos a repartirnos las responsabilidades, y también las consecuencias, para prepararnos para cuando salgamos al mundo real, trabajemos con gente real y tengamos problemas reales. Y yo me pregunto: ¿en qué mundo hacemos los trabajos los estudiantes? ¿En el de Yupi? Creo que los profesores subestiman el coste de un trabajo en grupo. O no los han sufrido en su carne, o no lo recuerdan.

Vale, hagamos como que un trabajo en grupo sea asimilable a un trabajo real con gente real. Si esto va a ser así, ¿cuando yo trabaje en el mundo real, si un componente de mi equipo no hace lo que le corresponde, yo voy a cobrar menos? ¿Alguien que no hace el huevo se va a quedar con mi salario? ¿O voy a estar esclavizada por estas personas que se rascan los peletes, deslomándome para que me paguen sólo por mi trabajo, y no por el trabajo extra? ¿Seré yo la marginada por hacer lo que se debe hacer, por hacer bien mi trabajo y reclamar lo que es justo? También podría hacer lo mismo que los demás. Pero entonces sería igual que ellos, y no podría quejarme.

Señores profesores, ¿qué se supone que tengo que aprender de ésto? ¿La ley de tonto el último? ¿La del mínimo esfuerzo? ¿Tengo que aprender a dejarme explotar por los que no quieren asumir sus responsabilidades? ¿A ser odiada por la gente a la que le importa todo un rábano? ¿A ser penalizada por dejar las cosas claras y querer que se reconozca mi esfuerzo? ¿Qué conclusiones tengo que sacar? Díganme: ¿qué debería haber aprendido?

Señores que trabajan en el mundo real y lean esto con una sonrisita de complacencia, pensando que ya me enteraré de lo que es bueno cuando entre en el mundo real: estudio y vivo en el mundo real, todas las cosas pasan en el mundo real (¡incluso los trabajos en grupo!), y mi cabreo también es del mundo real.

Firmado: yo (una yo muy cabreada)

viernes, 10 de junio de 2011

Voluntariado ambiental con Cruz Roja "Moviéndonos por los ríos"

El sábado pasado estuve de voluntariado ambiental con Cruz Roja. Fuimos al Guadiana a la altura de Mérida, junto al albergue, y se hizo una recogida de basura entre los asombrados pescadores, que nos miraban pasar como si fuéramos una aparición.

En los voluntariados anteriores de este programa, "Moviéndonos por los ríos", habíamos sido unas 10-15 personas. Pero cuando Mamen me dijo que llegaríamos a las 100, casi me da un patatús.

Salimos temprano. Como La Muy tenía que irse temprano con los Scouts, aproveché el viaje y me di un paseito por las calles fresquitas a las 7 y media de la mañana con la cámara de fotos, los prismáticos y (como no podía ser de otra manera) el taper con pollo al curry a la egipcia en la mochila.

En Cruz Roja sólo había una chica, Laura, con la que empecé a charlar hasta que apareció Mamen y el resto del equipo para cargar los materiales en los transportes.

Al llegar, Mamen me dijo que mi misión era dejar constancia gráfica del evento. Y me encargó también que inscribiera a la gente. A toda la gente.




Al principio, la cosa no fue mal. Aparecieron algunos muchachinos mientras montábamos el chiringuito y llenábamos las mochilas con el agua y la gorra, les pedías el nombre, les dabas la camiseta, y se iban a brujulear esperando a que empezase la animación. Pero cuando llegó el primer autobús, la cosa cambió...


Las señoras mayores te pedían una gorra y una camiseta para su nieto, otra para su nieta, otra para la sobrina, otra para la vecina del quinto... y otra para ellas, por supuesto. El caos organizado que siguió al bus no fue demasiado mortal, pero yo me sentía en un tornado. Al fina también me ayudó M. A., y el Caballero Oscuro cogió la cámara por un rato, para liberarme y documentar la marea humana.



Una vez que todo el mundo tenía su agua, su mochila, su gorra y las respectivas camisetas para sus familiares, Ana, la jefa, reunió a todo el mundo en la explanada y comenzó las explicaciones del programa "Moviéndonos por los ríos". Los de la Confederación Hidrográfica del Guadiana repartieron las bolsas amarillas reglamentarias, y nosotros los pinchos y guantes de látex, y comenzamos nuestro paseo por la orilla del Guadiana, seguidos de cerca por el transporte del Caballero Oscuro.



El paseo matutino fue agradable. Los pescadores nos miraban, algunos perplejos, otros extrañados, y otros no nos miraban y casi nos tropezábamos con sus cañas de fondo si teníamos la mala suerte de pasar cuando iban a cambiar el sedal, o lo que fuese que estuvieran haciendo.



El sol no picaba y la brisa fresquita me hacían pensar en la playa... oh, la playita, ¡qué ganas! Las garzas imperiales (Ardea purpurea), y los martinetes comunes (Nycticorax nycticorax) sobrevolaban continuamente las márgenes, haciéndome admirar la belleza de sus plumajes, que no había visto antes en mis salidas al campo.

Ardea purpurea, garza imperial.


Nycticorax nycticorax, martinete común.


De vez en cuando, en puntos señalados, nos decían que se podían dejar los sacos, para que los camiones pudieran recogerlos en otro momento.

Después de recoger un montonazo de basura (muchos botellones...) nos dirigimos al centro de interpretación de la Fábrica de Luz en el Guadiana. En los alrededores de esta Fábrica de Luz rehabilitada corría el río en un hábitat ripario precioso. Garcillas bueyeras, verdecillos, milanos reales y aguiluchos cenizos de los campos de cultivo adyacentes, oropéndolas, y hasta un martín pescador que se posó a un metro de mí cuando buscaba un bueno lugar para poner los telescopios. Lástima que cuando hice amago de echar mano a la cámara, se diera cuenta y saliera zumbando como un borroncito azul, de rama en rama.


Quisimos hacer un taller de aves riparias, pero se nos hizo tarde y nos dio la hora de comer.. Mientras salía la gente del centro de interpretación, aprovechamos el Caballero Oscuro y yo para amodorrarnos al pie de un eucalipto que sacaba las ramas del suelo como si fueran tentáculos, y que era muy cómodo para echarse una siestecilla.

Repartimos la comida y nos sentamos a comer en los merenderos, a la sombra de los eucaliptos. Todo el mundo con sus bocatas, y yo con mi taper de pollo al curry egipcio (con coco y arroz basmati) y una primera hornada de mis polvorones de chorizo.

Después de comer, se hicieron dos talleres para terminar el día, uno de consumo responsable y separación de basuras, y el otro de análisis de aguas. La gente estuvo bastante participativa a pesar de las horas y el cansancio que ya empezaba a hacer mella en algunos, pero se lo pasaron bien.

Taller de separación de residuos:
era un concurso para ver si sabemos qué va en cada contenedor.


Taller de análisis de aguas:
nos explicaban los diferentes parámetros que se analizan
(turbidez, nitritos, fosfatos, dureza...) para ver su calidad.


jueves, 9 de junio de 2011

Ahora con fotos: Recetas para histaminósicos. Sin gluten, sin lactosa. - APERITIVOS DE POLVORONES DE CHORIZO

Sí, señores. He vuelto. He sobrevivido al infierno de los primeros exámenes, mezclados con la agotadora actividad de ensayos y coreografías del COEX. Y mañana más...



Os invito a todos, por supuesto, al concierto que daremos mañana, viernes 10 de junio, por la noche a las 22:30 en la Plaza Alta. Es gratis y para toda la familia, con el musical "My fair lady" y algunas otras obras de autores americanos; muy divertido y entretenido, y obra de muchos y sacrificados ensayos. Así que allí os espero, en la Plaza alta de Badajoz, a las 22:30, con vuestros amigos y vuestra familia!

Y estos días de exámenes, estrés musical y universitario, y por qué no decirlo, problemas histaminósicos, también he sacado tiempo para experimentar un poco con las recetas de pan. Estaba haciendo un bizcocho de manzana, y me dio por mirar la receta que venía en la levadura química (bueno, miento: últimamente leo con ansiedad enfermiza todo lo que tenga pinta de receta...). Decía: "Palitos de aperitivos" y tras un par de ensayos culinarios, he dado en el clavo.



Son POLVORONES DE CHORIZO, porque el tacto es parecido al de los polvorones, se desmiga un poco, y el ajonjolí también es navideño.

Tengo que decir que el chorizo que he usado es especial: es del pueblo de Mugen, allá por las Villuercas, chorizo blanco, artesano (pero envasado, con sus ingredientes) y no tiene harina, ni lactosa, ni conservantes, ni pimentón.

Ingredientes:
  • -90g de chorizo picado.
  • -250g de harina de arroz.
  • -Media cebolla picada.
  • -Un par de cucharadas de anís o ajonjolí.
  • -Una pizca de nuez moscada.
  • -Un huevo.
  • -12g de levadura fresca.
  • -Aceite de oliva.
  • -10g de sal.
  • -5g de azúcar moreno.
  • -Un culín de agua templada.


Preparación:
  1. Mezclar la levadura fresca con el azúcar moreno y el agua tibia, y batir con un tenedor. Dejar que espume (10-15 min) para que se active.
  2. por una parte, mientras espuma la levadura, dorar la cebolla bien picada en una sartén con aceite de oliva. Cuando tenga un color dorado-transparente, añadir el chorizo, hasta que esté bien fritito, y al final, antes de apagar el fuego, añadir el ajonjolí. Apartar en un bol y esperar que se enfríe (para que luego al mezclarlo con lo demás no nos cuaje el huevo...)
  3. Precalentar el horno a 50ºC.
  4. En un recipiente para amasar, mezclar los productos secos (la harina y la sal en este caso) con un tenedor o varilla para que se reparta homogéneamente.
  5. Añadir la levadura espumada, mezclar hasta que la harina lo haya aceptado todo y añadir el huevo. Repetir la operación y añadir el sofrito de chorizo y cebolla ya a temperatura ambiente. Si es necesario, añadir algo más de aceite crudo.
  6. Hacer una bola o torta gruesa y meter en el horno unos 10-15 min para que fermente. Como es harina de arroz, no crecerá apenas nada, pero puede que cuando la saques te parezca un poco más esponjosa (depende de lo que haya fermentado la levadura antes de añadirla).
  7. Subir el horno a 200ºC.
  8. Empapelar una bandeja de horno y hacer pequeñas tortitas o panecitos, como de medio centímetro de grueso, de las que no sobresalgan mucho los trozos de chorizo. Decorar con líneas o puntos, para que se haga bien por todas partes, y pintar con aceite y un pincel.
  9. Hornear de 15 a 20 min o hasta que estén dorados.
  10. Esperar a que se enfríen y guardar en un taper hermético.



¡Deliciosos polvoroncitos de chorizo! El toque del ajonjolí es muy navideño. y el tacto que queda se deshace levemente, como polvorones. Además, sirven de aperitivo sencillo, para picotear, y no tienes que liarte a cortar, untar o pelar algo: están listos en cualquier momento. La receta original hacendada era con harina de trigo y queso, así que el que quiera y pueda, que lo intente!

¡Disfrutadlos!

PD: acabo de perder las fotos en un lag del ubuntu (¬¬) así que hasta mañana no podré repetirlas.

PD2: acabo de subir las nuevas fotos, la verdad es que a la luz matutina del patio, entre las encinas, queda mucho mejor.

PD3: acabo de encontrar otro chorizo blanco que puedo tomar, y este granatiza que es SIN LACTOSA Y SIN GLUTEN. Es un chorizo de "Señorío de Montanera", comprado en Nanín, en el centro de Badajoz. Por si a alguien le interesa.

viernes, 13 de mayo de 2011

SEO/BirdLife denuncia la destrucción de zonas de nidificación de especies protegidas en el embalse de Orellana, Badajoz (10/05/11)

La alta cota alcanzada por las aguas ha afectado a una de las principales colonias de garzas de Badajoz.

El pasado 29 de abril, miembros de SEO/BirdLife durante los trabajos de campo para el censo nacional de garzas de 2011, constataron que la cota del embalse de Orellana había inundado cerca del 50% de los nidos de una importante colonia de garzas situada en la cola del citado embalse, muy cerca del camping “Puerto Peña”. Igualmente advirtieron que la subida de cota había sobrepasado el nivel de los islotes creados artificialmente en el embalse para alojar colonias de aves limícolas, haciéndolas desaparecer.

Toda esta zona del embalse de Orellana se encuentra protegida como Zona de Interés Regional (ZIR), Zona Especial Protección para las Aves (ZEPA), Lugar de Interés Comunitario (LIC) y como humedal de importancia internacional del Convenio RAMSAR.

Según SEO/BirdLife, la colonia de garzas afectada por la subida de las aguas está compuesta por más de mil quinientos nidos de varias especies, entre ellas garcilla bueyera, garceta común, garza real y martinete. Al menos la mitad de los nidos de esta colonia se encuentran ya inundados y en el resto se observan puestas en incubación y pollos, por lo que no se descarta que la subida de las aguas debida a la gestión del embalse haya provocado la pérdida de un número no determinado de puestas de estas especies y amenace con eliminar a toda la colonia.

En las islas del embalse, ya inundadas por las aguas, en los últimos años se habían observado cientos de nidos de pagaza piconegra, charrancito común y canastera común, entre otras especies. Todas estas especies figuran como protegidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de Extremadura, por lo que SEO/BirdLife ha tramitado las correspondientes denuncias ante la situación creada por la gestión del embalse.

Además la asociación conservacionista indica que el documento del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del espacio protegido embalse de Orellana y Sierra de Pela en tramitación, establece como uno de sus objetivos específicos ”evitar que los cambios en los niveles de agua del Embalse de Orellana afecten a las poblaciones de fauna y flora existentes en las orillas e islas. Dicho control deberá ser más estricto entre marzo y julio, coincidiendo con la nidificación de las aves en las islas”.

En relación a esto, el Grupo de Investigación en Biología de la Conservación de la Universidad de Extremadura, como parte de un proyecto de mejora de hábitats en el embalse de Orellana, remitió una serie de recomendaciones para la gestión de la lámina de agua, con el fin de evitar en lo posible efectos negativos sobre las especies protegidas durante la época de reproducción. Este documento fue presentado igualmente a la Junta Rectora de la ZIR embalse de Orellana y Sierra de Pela.

Informe de la Universidad de Extremadura
Por todo ello, SEO/BirdLife entiende que la existencia de un informe específico de la Universidad de Extremadura demuestra que se sabía de antemano que determinados aumentos del nivel de cota en esta época del año, podían producir impactos sobre lugares de nidificación de especies catalogadas.

Sólo sería admisible tal actitud ante necesidades de orden público en la gestión de los embalses de la cuenca del Guadiana, sin embargo, SEO/BirdLife cree que los gestores de Orellana tienen opciones para gestionar las aguas sin causar estos impactos y sin menoscabar el recurso y en este sentido, recuerdan que el embalse situado aguas arriba de Orellana, el García de Sola, se encuentra actualmente al 67% de su capacidad y el del Zujar, conectado con Orellana por un canal reversible, está al 88%. La decisión pues, de mantener Orellana al nivel actual del 96%, con los daños ambientales causados, se podría haber evitado. De ahí que SEO/BirdLife haya denunciado la situación para que depuren responsabilidades.

martes, 10 de mayo de 2011

Pasta rápida Mare y Monte - AHORA CON FOTICOS!!

Otra para cuando tienes poco tiempo, o pocos ingredientes. Esta vez, pongo fotos, que las otras veces que lo he hecho me lo he comido tal como caía en el plato... ¡delicioso!



Ingredientes (para 1 persona):

  • 100g de Spaguetti de harina de arroz (marca Backer, comprados en Carrefur)
  • Jamón serrano en taquitos
  • Una lata de atún en aceite de oliva.
  • Un sobre de aceitunas verdes
  • Orégano y albahaca
NOTA: este plato no necesita sal!

Preparación:
  1. Hervir los spaguetti según las instrucciones. Enjuagar con agua fría y reservar.
  2. Partir el jamón serrano en taquitos y echarlo en la cazuela a fuego bajo, que se vayan sofriendo.
  3. Echar la lata de atún (también el aceite!) y remover rápidamente para que el aceite se reparta.
  4. Echar las aceitunas verdes troceadas, los spagueti y revolver.
  5. Sazonar con abundante orégano y albahaca y ¡a la mesa!

¡Que lo disfruteis!

lunes, 9 de mayo de 2011

Severn Suzuki - Discurso de una niña en la Cumbre de Rio en 1992

Otra de concienciación... Belén, cariño, si pasas por aquí,¿te suena de algo?





Aunque hace 20 años las cosas no estaban tan mal como ahora. Y ahora más que nunca, que sabemos lo que tenemos que hacer, se ve el pasotismo de la gente, se ve el lavado de conciencia que hacen los políticos y demás personalidades con sus palabras vacuas y sus medias verdades.

Cuando era pequeña soñaba con hacer algo así, sin saber que esta niña ya lo había hecho: hacer una asociación joven, de niños ecologistas, donde pudiéramos dar salida a nuestras inquietudes, y que alguien nos escuchara (aunque fuera el director del colegio). Pero esta es la diferencia entre tener la idea en Vancouver, ser hijo de gente ilustre, y tener apoyo en el entorno, en una época en la que el romanticismo por estos asuntos aún se quedaban en eso, en romanticismo, a tener la misma idea, diez años después, en Badajoz.

En fin, dijo el delfín, este vídeo me ha gustado, como a todo el mundo, pero me ha abierto el baúl de los recuerdos amargos, esos de proyectos frustrados antes casi de nacer, de inquietudes que no encuentran salida, ni quien te escuche. Recuerdos que te vuelven a ilusionar como el primer día, pero que tu racionalidad de adulto retiene y vuelve a guardar, convenciéndote de lo inviable de la idea.

jueves, 5 de mayo de 2011

Obsolescencia programada

Os invito a ver tranquilamente este reportaje de TVE sobre la Obsolescencia programada: El motor secreto de nuestra sociedad de Consumo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Mira, sin brazos, sin piernas... TODOS LO PODEMOS LOGRAR





Esta va por mis padres, que siempre están ahí... Por el día de la Madre, y también del Padre, porque ¡por qué tienen que estar separados, hombre!
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