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sábado, 18 de julio de 2015

36 escalones - Diario de una histaminósica perdía

Acueducto de Mérida, desde el tren media distancia que nos llevó a Badajoz en un viaje de más de cinco horas.
Este sábado me han dado por fin la libertad condicional. Y rápidamente me madre y yo hemos cogido el tren en Chamartín y en 5h y media nos hemos plantado en Badajoz.



Las conclusiones son ninguna: todo está bien. El TAC no muestra lesiones en los pulmones, los análisis no muestran nada alterado más que lo que ya sabíamos (bilirrubina y ácido úrico) y como los dos resultados de mastocitosis y tuberculosis que quedan por salir van a tardar una semana y seis semanas respectivamente, me han dejado venir a casa.
Puerta de la clínica Fuensanta, Madrid. 

Si eso sale negativo... creo que se agotan las posibilidades. Y mientras sigo con 37,5°C por la tarde hasta la 1 o las 2 de la madrugada. Además de cansancio extremo, frío (a pesar de la ola de calor, en el hospital he dormido con manta, y aquí en casa sigo con el nórdico) y dolores por todo el cuerpo.

Por otra parte, después de los ingresos siempre me quedo más floja aún... así que de la cama al sofá y del sofá a la cama. He intentado moverme en la clínica, ya que me dejaban salir de la planta.

36 eran los escalones de la única escalera, que además no tenia aire acondicionado. Con el frío que tenía en el cuerpo no me venía mal del todo, luego pasaba un rato sin arroparme, pero no apetecía tanto cambio de temperatura. Además con el mal cuerpo y el sueño que da tener fiebre, era bastante incómodo. Muchos días paseábamos los pasillos (a temperatura de glaciación, yo creo que si abrieran las puertas de la la escalera se normalizaría un poco la temperatura en vez de pasar del infierno al ártico) y nos parábamos a mirar los cuadros impresionistas de flores de las paredes, buscando patrones y intentando adivinar cuales eran de los mismos autores.

Había uno sin embargo que me encantaba: era un paisaje de una costa similar a los acantilados y cortados de Madeira, cielo nublado con una mancha de sol en el horizonte, y algunas casas maltratadas por el clima con tendederos y ropas de colores brillantes que contrastaba con los tonos grisáceos del resto del cuadro. Y como soy una enreda, tuve que tocarlo. Me encanta tocar los cuadros, sentir las pinceladas, adivinar la dirección del pincel, el comportamiento de la pintura al dejarla sobre el lienzo. Me gusta ver de cerca el relieve del óleo y leo alejarme y ver cómo se compone la figura delante de mis ojos, como en aquellas láminas mágicas de los noventa que solo veías el dibujo cuando desenfocabas la vista. Pero olvidé fotografiarlo. :(


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ACTUALIZACIÓN: Mastocitosis negativo y tinción del bacilo de Koch ácido-resistente (el bacilo que provoca la tuberculosis) negativa. En unas semanas más saldrá el resultado del cultivo... pero seguro que es negativo. ¡Soy la niña negativaaaaaaaaa! Y moriré en perfecto estado de salud.
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Estoy aprovechando para leer más y ver mucho cine. Acabé el libro sueco y empecé el de "El último tuareg". Además de ese, que ya llevo casi por la mitad, al llegar a casa me he encontrado con cuatro libros más que habíamos pedido en la librería. He empezado "El Segundo Viaje de Teo" de Catherine Clément, la segunda parte de "El viaje de Teo" que me había leído con 16 años, y me está encantando. Se lee mucho más rápido y más cómodamente que el libro de Vázquez-Figueroa, que ya estaba yo pensando que me estaba volviendo tonta, pero no, lo que pasa es que no encuentro ya la frescura de los libros de juventud de este autor. Sobre todo, me fastidian los continuos "inquirió" o los "dijo con marcada intención" (¿con qué intención?) que me parece que son expresiones demasiado elevadas para el tono general de la narración, más simple y llano. De momento llevo más o menos un tercio de cada uno, ya veré más adelante si Vázquez-Figueroa se recupera, que aún tiene tiempo. 

Book-trailer de "El Último Tuareg"

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ACTUALIZACIÓN: Llevo dos semanas en tratamiento "experimental" con Dexketoprofeno (Enantyum). Me mejoran los dolores musculares, pero no la fiebre. Algo es algo... 
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viernes, 17 de abril de 2015

10 semanas y media - Diario de una histaminósica perdía



Nadie sabe lo que me pasa. Tengo a todo el equipo médico investigando y estudiando. Me hacen pruebas, análisis, buscan virus, enfermedades inflamatorias, infecciosas, pero mis análisis están mejor que los de Rafa Nadal. Según las pruebas, estoy sanísima. Excepto que mi temperatura ronda los 37.3 casi todo el tiempo y que sólo con levantarme para ir al baño me canso como si hubiera hecho una maratón por Funchal.

Tras nueve semanas y media con esta fiebre inexplicable, un dolor constante  en el costado izquierdo y punzante pero relacionado con la diarrea en el derecho; además de eso, tengo malestar general todo el día. Y estoy agotada. Empecé en febrero y apenas habré tenido cinco o seis días sueltos en los que mi temperatura ha bajado a 36. Teniendo en cuenta que mi temperatura basal es de 35,5ºC, cuando voy llegando a 36,8 ya me noto con febrícula, y los días que sube de 37,5 para mí ya es fiebre en toda regla. 

Me he vuelto definitivamente de Madeira porque mi contrato había acabado y allí los portugueses además sí que estaban perdidos y faltos de medios. Lo único que hicieron durante dos semanas era hacerme radiografías y mandarme diferentes antibióticos que sólo empeoraban mi diarrea. 

Aquí han encontrado que mi hígado tiene un tamaño que es el doble de lo normal (el año pasado no era así), pero sin signos de adenopatías o cirrosis. Me llega hasta el costado izquierdo. ¿Me causa ese dolor en el costado? Puede ser... o no. Pero la función hepática está conservada (transaminasas y demás enzimas hepáticas en valores normales, sólo están un pelín altas la amilasa pancreática y la bilirrubina indirecta, a expensas de la directa). Además de eso, se ha visto en una entero-RMN y una prueba de tránsito con contraste bárico,  una estenosis ileal que mide 4 cm, es decir, reducción del calibre de una zona en el intestino delgado. Me han hecho un montón de análisis de enfermedades raras, metabólicas, micosis, parasitosis, víricas e infecciosas, pero todo da negativo.

Esta es la resonancia en la que se aprecia cómo mi
hígado abraza al bazo por detrás.
Llevo 12 días ingresada en el hospital. Todos los días pasa mi médico internista, que dicen que es el mejor, a pesar de que es muy serio, además de tener visitas de una neuróloga, una de digestivo y un cirujano. Todos coinciden en que es muy raro, en que los hallazgos no parecen tener relación entre sí (aunque por lo que yo sé bien podrían estar relacionados) y en que esté tranquila porque los análisis todos dan valores normales. Que no parece que tenga nada. Pero a mí eso me inquieta más todavía. Siempre me han dicho que no tengo nada, y me mandan a casa con viento fresco. Me aterroriza que me vuelvan a abandonar y a dejarme en la estacada.

En la cocina se han portado muy bien, he comido durante los doce días sin ningún problema, excepto que una vez se equivocaron y me pusieron un pan que me contaminó la tortilla. 

Solomillo de cerdo a la plancha, muy jugoso y blandito, y revuelto de champiñones con huevo y jamón serrano. El jamón me lo compraron para mí porque de normal no lo tienen y el de york no podía porque tenía fécula. De postre, queso fresco.


Revuelto de judías verdes con ajo y jamón serrano, y filete de merluza encebollado. De postre, piña en su jugo.

Mero a la plancha con guisantes y gambas, y ensalada de pepino. Nunca había comido mero hasta que me ingresaron. Creo que es el pescado más rico que he comido en mi vida. De postre, queso fresco.
Revuelto de espárragos trigueros con cebolla, huevo y jamón serrano, y pechuga de pollo a la plancha con limón. De postre, una naranja.
Espinacas revueltas con ajo y tortilla de atún (ya me la estaba terminando). De postre, piña en su jugo.




Esta es una pequeña muestra de lo que he comido: cuando se quiere se puede. Incluso compraron pasta sin gluten de arroz.

Y los días se hacía interminables... me despertaba con dolor de cabeza que permanecía todo el día, me cansaba sólo de levantarme para el servicio... había días que ni me cambiaban las sábanas, ya que me pasaba el día durmiendo al principio y no querían molestarme. 
Pasillo arriba y pasillo abajo, como los reclusos a los que les sacan de paseo una vez a la semana.

A base de calmantes me quitaron lo fuerte de la migraña que les llevó a ingresarme. Pasaron los días y parecía que la febrícula iba cesando, pero el dolor de cabeza, las diarreas y el malestar general permanecían. Decidieron hacerme una prueba de tránsito intestinal, que ha confirmado la reducción de la luz del intestino, tras mucho pensárselo.


Ahora creen que lo mejor es hacerme una prueba que sólo se hace en Sevilla o aquí pero por la Seguridad Social, hay que hacer papeles, esperar evaluaciones y autorizaciones... esto se está convirtiendo en la historia interminable. 


ACTUALIZACIÓN 18/4/15: Ayer por la noche vino el médico para decirme que si me apetecía (kljsdhkjgadkj...) podía irme a casa ya que la prueba de la cápsula endoscópica no se hacía en el hospital. Si me apetecía... tiene huevos. ¡Ni que hubiera pedido que me ingresaran! Y con lo que echaba de menos a mis gatitos... 

Así que hoy sábado ya estoy en casita.

jueves, 6 de junio de 2013

Desesperaciones de una histaminósica VII - Acabando un nuevo curso. Actualización.

Bueno, la anterior entrada de este tipo fue como quien dice a principios de curso (en noviembre). Y desde entonces mucha gente me ha pedido que contara cómo van las cosas. 

Lo cierto es que no he tenido mucho tiempo, y cuando lo tenía estaba bastante desganada y no me apetecía ponerme a escribir. 

A ver, después de Navidad hice un pan de molde y tuve una gripe, o una faringitis muy gorda, no está claro. Yo como no puedo tomar antibióticos, pues estuve en casa más de un mes y medio recuperándome, porque a punto estuve de que me ingresaran y la otra opción era que me pincharan y luego estuviera convaleciente por los efectos secundarios de los antibióticos. Lo pasé mal, perdí clase de dos asignaturas completas del máster (de una de ellas tengo que presentar ahora un trabajo y estoy más perdía que un pulpo en un garaje) y a punto estuve de pensar que tendría que abandonar. Pero me recuperé y volví a Salamanca. Y de rebote entraron dos gatos nuevos en casa.

Aprovechamos el viaje a jerez para pasar por
San Lúcar y visitar a tita Regli, prima de mi
abuela. Casi me da un patatús cuando la vi:
era idéntica a ella...
Estuve en Jerez a ver a Lizaso en Febrero. Me repitió los prick test y para nuestra sorpresa, dos de los tres grupos de alimentos que me habían dado positivo en verano ya no me daban reacción. Así que me ha mandado reintroducir astaráceas (lechugas, girasol), leguminosas (legumbres) y seguir reintroduciendo cereales. Además, como nunca me ha dado positivo a las proteínas y los componentes de la leche, ni intolerancia a la lactosa ni a otros azúcares, pues me ha dicho que también lo intente con las leches. La secuencia, de menos alergénico a más, es leche de cabra, de oveja y por último de vaca, y en contenido de histamina, de fresco a curado. Por lo tanto he empezado por el queso fresco de cabra, que me sienta fenomenal, incluso me equilibra el intestino, hasta ahora es el único alimento que me estriñe. Ni el arroz, ni el té, ni nada de lo que se supone que retiene tiene ese efecto en mí. También he intentado el queso de oveja, que al no haber fresco, pues he probado el curado. Así el problema es que no sé si me sienta mal por ser curado o por ser de oveja... no está claro.


Prick test de Febrero de 2013
Prick test de Julio 2012
La pauta de introducción es de un alimento nuevo a la semana, siempre que esté bien; si estoy con una crisis, tengo que esperar a que se me pase, para poder tener clara la reacción de mi cuerpo. He seguido probando el trigo: en forma de pasta me sienta bien, pero el pan no. Tengo que probar a hacérmelo en casa para controlar todos los ingredientes. 

Para el queso, primero probé un tercio de queso fresco una vez cada tres semanas, y esto lo hice tres veces. Entre medias he probado la quinoa, que me sienta bien (no forma parte de los alimentos prohibidos, porque es una Chenopodiácea, pero no sabía si me sentaba bien), y el trigo nuevamente. Luego, viendo lo bien que me sentaba el queso, lo aumenté a una vez a la semana. Ahora lo tomo con frecuencia, no todos los días, pero cuando lo compro, lo tomo varios días seguidos hasta que se acaba. Y no me da problemas. La semana pasada descubrí el rulo de cabra; mismos ingredientes, pero un poco más curado. También me sienta bien, y me ayuda a variar la dieta. 

Aunque me ha dicho que no tome fruta todos los días para no sensibilizarme, noto que estoy más alicaída cuando no tomo zumo de naranja, así que un día sí y uno no me tomo uno o dos vasos. He empezado a tomar productos que en su composición tienen lecitina de soja o de girasol, sin ningún problema, e incluso un helado de soja del mercadona. 

Me quedan por delante varios meses de pruebas, ensayo y error, como si fuera yo mi propia conejilla de indias. Ahora que estoy de prácticas he dejado de probar cosas nuevas. Cuando acabe el Máster volveré a intentar algo más.


Aquí la primavera aún no termina de llegar, por lo que estoy muy bien de la alergia ambiental. Cuando bajo a mi casa, a Badajoz, lo noto muchísimo, me pongo fatal y tengo que tirar de antihistamínico, que me deja tonta. Intento tomármelo sólo cada dos o tres días, pero a veces es imposible; me quedo lenta, la cabeza no me da para mucho y me paso todo el día durmiéndome por los rincones. 

El cansancio de final de curso se nota. Estamos de prácticas de campo: todas las semanas se sale dos o tres veces. Esta semana he tenido una migraña leve, sin vómitos, pero que me ha tenido fastidiada tres días. En cierta manera es normal: mi cuerpo va llenándose de la histamina primaveral, y en cuanto hago algún exceso, el vaso se desborda.

Sigo desmayándome con la misma frecuencia: es el único síntoma que ha permanecido invariable estos tres años de tratamiento. Ya me han visto este curso un neurólogo, un neurofisiólogo y dos cardiólogos diferentes, que me han hecho un electroencefalograma completo, un electrocardiograma, una ergometría (prueba de esfuerzo) y un Holter. Ha salido todo normal. En la ergometría creía que me tendrían corriendo hasta que me desmayara, pero la ley de Murfy no me lo permitió: llegué a los 190 pulsaciones y me mandaron bajarme de la cinta. Y no tuve ningún problema con la tensión. Con lo normal que es para mí después de un pequeño esfuerzo tener bradicardia y un bajón (hasta subiendo una escalera, como me pasó el otro día en clase).


El cansancio de las salidas de campo tiene efectos clarísimos. Después de cada una suelo estar la tarde o la noche con na crisis. Están aumentando las neuralgias y las diarreas, y las cefaleas, que hacía muchísimo tiempo que no tenía (antes de la dieta eran diarias). Cuando fuimos a Menorca, tuve que pagar mi tributo tras el día de viaje de ida, y el de vuelta. 


Mayo y Junio, más de 25 días en el campo. Y aún falta Gredos...

Me queda una semana de prácticas, y dos meses en Salamanca. El balance es positivo: empecé el curso con la incertidumbre de si podría acabarlo o tendría que tirar la toalla, y mi cuerpo ha aguantado.

Me va a dar mucha pena irme de aquí. Mis amigos, el ambiente, la universidad, la independencia y la comodidad de vivir sola, todo eso lo voy a echar de menos. Esta ciudad es muy acogedora, y se vive bien aquí.

He buscado como una loca becas para intentar hacer el doctorado aquí, o alguna cosa que me permitiera empezarlo, pero es casi imposible. Hay mucha gente, con expedientes muy brillantes, y muy pocas becas, y además, están retrasándolas todo lo que pueden, por lo que muy probablemente no tenga oportunidad de continuar haciendo un doctorado en vertebrados. Esta incertidumbre, mayor que la del año pasado, también pasa factura. El año pasado tenía la opción de intentar hacer el Máster. Este año, se me han acabado las opciones. Estoy pendiente de la resolución de una beca de 6 meses en Paraguay, con Procosara, investigando en un Parque de la Selva Altántica, San Rafael, donde a lo mejor podría empezar una investigación hasta que salieran las convocatorias de las becas de doctorado. Pero estamos en las mismas. Hay mucha competencia. 

Lo de Paraguay ha sido un flechazo. Cuando el profesor Peris presentó la beca en clase, sentí que era para eso para lo que me había estado preparando todos estos años. La histaminosis sería un problema, es verdad, pero también es cierto que me encuentro mucho mejor, más fuerte, y parece que esto se está curando; además, sólo serían seis meses. Si la consiguiera, me sentiría realizada por mucho tiempo. 

En verano me toca otra vez revisión con Lizaso, así que ya veremos, si me conceden la beca, y si el médico me da permiso para ir al extranjero. ¡Deseadme suerte! 

jueves, 2 de mayo de 2013

Océanos de plástico: el basurero de la humanidad

Un reportaje sobre el plástico muy interesante. Os lo recomiento encarecidamente. Sólo llevamos 60 años usándolo y ya está por todas partes, difícil de eliminar y con efectos muy nocivos, a pesar de que nos han inculcado y convencido de que es inocuo y maravilloso. El único remedio es reducir nuestro consumo de plásticos.


viernes, 26 de abril de 2013

Así que estás en ESA caja ...

Os traigo una traducción de un artículo de mi amiga Nele, diagnosticada de una Histaminosis bastante grave en Bélgica. No he podido dejar de compartirlo, porque últimamente me siento exactamente igual. 


El original aquí.
Y me gustaría estarme refiriendo a la caseta de policía del Doctor Who. La Tardis. Lamentablemente, no.

Esta idea ha estado en mi mente desde hace bastante tiempo, pero hoy por fin sentí el impulso para escribir realmente sobre ello. Y me gustaría señalar que este post no trata específicamente de las personas con intolerancia alimentaria, sino cualquier persona que se considere "limitada" de alguna manera. Con "limitado" (por favor, tengan en cuenta las comillas, sinceramente detesto el término ...) la mayoría de la gente quiere decir que los demás no pueden funcionar como deberían en la sociedad: las personas que tienen intolerancias alimentarias graves, los miedos, las discapacidades físicas, enfermedades crónicas, los trastornos mentales y / o enfermedades... La lista continúa.

¿Qué quiero decir con ESA CAJA? Voy a tratar de explicar esto desde mi punto de vista, y más, mi experiencia. He estado crónicamente enferma durante casi toda mi vida de una manera u otra, además de que soy muy caótica, agitada y bueno... torpe. La mayoría de las personas que me rodean, que se ocupan de mí de manera frecuente, se dará cuenta de esto por medio simple de deducción. Por ejemplo: "de cada 10 veces que trato de salir con ella, 9 veces termina sintiéndose muy enferma o muy cansada. Así que la vez que ella pueda ir, voy a decirle que es demasiado cansado, y así protegerla contra otras consecuencias, y aceptar que es ya parte de su identidad ". O bien: "ella es muy torpe y se meterá en problemas. Tiene muchas ganas de probar cosas, pero siempre se mete en problemas y tengo que sacarla de apuros. Así, la próxima vez la protegeré a ella y a mí, y me aseguraré de que no se aventura por su cuenta, aceptando así la torpeza como parte de su identidad".

Es algo noble, hasta cierto punto, y puedo entender perfectamente por qué se hace esto, pero es muy limitante para mí. Nos quedamos sin ninguna oportunidad de probarnos a nosotros mismos de otra manera, de salir fuera de ESE cuadro que se ha creado alrededor de nosotros. Muy a menudo, esto le pasa a las personas que tienen batallas diarias graves por delante de ellos, y la lucha podría ser un poco demasiado. Un joven en una silla de ruedas no es su silla de ruedas. Él es un joven con sueños y esperanzas. Y aunque la silla de ruedas no le pueda llevar a donde él quiera, no hay absolutamente nada de malo en dejar que lo intente. La hermosa madre con intolerancia histamina grave no es su enfermedad. Tal vez se cansa tan rápidamente, y apenas puede comer, pero eso no significa que tengas que decidir por ella lo que ella puede o no puede hacer. La mujer joven que es tan torpe, podría no ser capaz de hacerlo todo bien. Pero ella también se merece una oportunidad de probarse a sí misma.

Es muy importante para las personas obtener energía de las cosas que pueden hacer, en lugar de centrarse en las cosas que no pueden hacer. Incluso si eso significa que el 90% del tiempo se producirá un error, el 10% restante va a tener éxito. Y que el 10% no siempre haremos algo que podemos, pero muestra que crees en nosotros, y eso nos permiten probar algo, desafiarnos a nosotros mismos, para que podamos crecer y simplemente... hacer las cosas por nosotros mismos. Nos beneficia mucho más que usted esté allí cuando lo intentamos y fallamos. No tengas miedo, le pediremos ayuda cuando las cosas no salen bien.

Depende de nosotros dar un paso fuera de la Tardis, pero un poco de ayuda nunca hizo daño a nadie :)

Y aquí uno de sus videoblogs, donde explica que ser un enfermo crónico es un trabajo a tiempo completo, y que muchas veces la gente tiene miedo de preguntar qué tal nos encontramos, o nosotros nos da miedo hablar de cómo estamos... Pero hablar sobre ello es un alivio, debemos hacer saber a la gente que nos rodea, la más cercana, cómo nos ayuda poder hablar tranquilamente de lo que nos pasa. No pueden hacer prácticamente nada por ayudarnos, excepto cogernos de la mano y escucharnos atentamente.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Desesperaciones de una histaminósica VI - Evolución con la nueva dieta

Bueno, como mucha gente me ha preguntado por los resultados de la nueva dieta y el nuevo médico, aunque aún no tocaba una entrega de esta sección, creo que es interesante para mucha gente.

Como recordaréis, en Julio el alergólogo Dr. Lizaso (pro-HANA) me hizo unas pruebas de alergia en Jerez de la Frontera, dándome positivo Solanáceas, Astaráceas, Leguminosas y Rosáceas. Además me quitaron los frutos secos, miel y derivados. Con esta dieta, y Ranitidina150, he pasado los últimos meses. 

Lo primero que tengo que decir es que, hasta el cambio de dieta, yo había empeorado después de la mejora inicial. Tenía mucho cansancio, siempre tenía el estómago revuelto y tenía diarreas frecuentemente de nuevo. Muchos días no podía ir a clase, tenía sueño a todas horas del día (que empeoraba con el antihistamínico, llegándome incluso a dormirme conduciendo), y un desánimo que cada día me pesaba más. 

Tras la visita a Jerez, he retirado todos esos alimentos de mi dieta, y he intentado algunas reintroducciones de lo que no me dio positivo (cereales, naranja, zanahoria). El maíz me ha dado una reacción bestial (me dio reacción a los diez minutos, y luego tuve síntomas exagerados de HANA durante cuatro días), la naranja me sienta fenomenal (ya estoy todos los días tomando zumo), y la calabaza tambén; pero la zanahoria no está tan claro. Por otra parte, sm da un poco de respeto probar el trigo, y también me quedan por probar la avena y el centeno. Sigo tomando mandioca, y arroz, e intento llevar una dieta lo más equilibrada posible, teniendo en cuenta que me cuesta mucho encontrar hidratos de carbono. Verduras, se reducen a espinacas y calabacín, un poco de cebolla, puerro y ajo, aceitunas, espárragos... De fruta, naranja, plátano y uvas (a veces tomo aguacate, pero poco). Lo que más como es pollo, salmón, gambas, setas... proteínas, siempre acompañadas de arroz, o de pasta de arroz.

Por otra parte, he tenido que dejar las mermeladas y la piña, porque son muy ácidos y me sentaban mal. El plátano, si está maduro tampoco me sienta bien. 

Pero lo más importante, es que he pasado de tener días regulares y días malos, a tener días buenos y días malos. Las crisis (diarreas, migrañas, cansancio, desmayos) sigo teniéndolas con la misma frecuencia, pero los días que no las tengo, puedo hacer vida normal. Es una de las cosas que me animaron a decidirme a venirme a vivir sola este curso; tal como acabé el curso pasado no habría podido. 

El problema es que no puedo probar cosas nuevas viviendo sola. No sé qué reacción puedo tener, pero si por ejemplo tengo una bajada de tensión, debería estar acompañada, así que hasta que no voy a mi casa no puedo probar más cosas, además tengo que tener por delante tres días al menos para recuperarme.


En definitiva, el balance es bueno. En cuanto consiga probar la avena y el trigo creo que volveré a consulta, porque aún quedan cabos sueltos.

He vuelto al neurólogo, que me ha mandado al neurofisiólogo. Ambos me han escuchado con atención, y el último me ha hecho un electroencefalograma. Mañana recojo el informa, aunque los dos me han dicho que no tiene pinta de epilepsia. Así que vuelta a empezar la ronda descartes, de resultados negativos, de médicos escépticos y de "no te pasa nada, estás muy sana".

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Desesperaciones de una histaminósica V. En Salamanca.

No puedo dormir bien desde hace días. Tras el ajetreado finde en Candelario con los compis de Máster, he empezado la semana con un pequeño traspiés.

La adaptación al nuevo entorno (de mi cuerpo, se entiende) tras la mudanza no está siendo fácil. Se rebela cada tres o cuatro días. Y a veces me flaquea el ánimo. Las dudas me corroen. ¿He hecho bien en venirme a Salamanca? ¿No estaré forzando demasiado mi cuerpo? ¿Merece la pena?

Aquel lunes estaba yo tan tranquila, disfrutando de una preciosa clase de herpetos (después de cuatro días, empezábamos a ver bichitos, ¡por fin!) cuando de repente noté un cosquilleo en la nuca y me di cuenta de que debía de llevar un rato en las nubes, sin oír ni entender al profesor. Me dio tiempo a avisar a mi compañera de al lado. Luego, la niebla me envolvió. Y me desmayé. 

Cuando me desperté estaba en el suelo y ya habían llamado al 112. Esto luego me ha traído problemas y una larga semana de papeles, porque soy de compañía privada... menos mal que luego averigüé que los gastos (los cuales me había entregado en un papel antes de examinarme, nada más entrar en urgencias) me los cubría el seguro escolar.

Ese fue el recorrido de la ambulancia, de una flecha a la otra.
Mi facultad linda pared con pared con el Hospital.
Hoy me ha llegado la factura: 223€ por ir en ambulancia 30m.
En el Hospital Universitario (que está pared con pared con mi facultad) el único simpático fue el ambulancero, que me puso una manta al entrar antes de darme la factura, ya que tiritaba de frío. A la médica que me atendió y a las enfermeras casi les faltó acusarme de teatro y echarme de allí a patadas.

Se me acerca una enfermera y me sube la manga. 
Enfermera picajosa: Uy, quítate la sudadera, que así no te puedo tomar la tensión.
Me intento incorporar y casi me caigo de la camilla; todo me daba vueltas. Intenta ella desvestirme con malas maneras. 
Enfermera picajosa: ¡Pero cuánta ropa llevas? ¡Es que así no se puede venir aquí!
Comentario pensado: No se preocupe, que para la próxima vendré preparada y solo me pondré una blusilla...  si total, en Salamanca no hace frío, no...

Me aparcan en un pasillo y llega la doctora. 
-Doctora Dña Susceptible: ¿Qué te ha pasado, te has desmayado?
-Yo (tiritando): Sss... ss... sí.
-Doctora: Dicen que has tenido convulsiones. ¿Cómo han sido?
-Yo: No lo sé, estaba inconsciente. ¿Me puede poner otra manta, por favor? Tengo mucho frío.
-Doctora: Bueno, bueno, no será para tanto. Además, no tienes pinta de haber convulsionado, si lo hubieras hecho tendrías que estar hecha un desastre. 
Comentario pensado: Esto... no estoy aquí por gusto. De hecho le pedí al ambulancero que no me trajera... ¿En serio está pensando que todo es teatro?
Me está haciendo el historial, y cuando llego al HANA me mira por encima de las gafas con cara de perro y se da la vuelta para seguir escribiendo.
Cuando acaba, se va y aparece una enfermera. 
-Yo: ¿Me puede poner otra manta? ¡Es que tengo mucho frío!
-Enfermera: ¡Pero si ya tienes una!
-Yo: ¡Sí, pero tengo mucho frío!
-Enfermera (Coge la manta y me la pone con brusquedad): Bueno, bueno, te la pongo, pero ahora lo que tienes que hacer es relajarte un poco ¿eh?
Comentario pensado: Estoy tiritando, ¿no lo ve? No estoy nerviosa, ¡estoy hipotérmica perdía! ¿Es que le cuesta dinero echarme otra manta?

Mi amiga Marian, que me había acompañado, intercedió por mí y le explicó a la doctora Doña Susceptible todo lo que había pasado. Luego, me pusieron un gotero y me aparcaron en observación.

Estuve allí toda la mañana. La parte buena es que mis amigos se acercaron todos al salir de clase a ver cómo estaba, lo cual me animó un montón. Empecé a pedirle a las enfermeras que me quería ir ya, pero me dijeron que hasta que el análisis no llegara, no me podía ir. Empecé a mensajearme con mi madre (se suponía que no se podía usar el móvil allí, pero yo tenía mantas en las que esconderme, jeje) pero la mañana se me hizo eteeeerna.

Cuando por fin llegó el análisis, la doctora Dña Susceptible no aparecía. Me empezaron a dar retortijones (con eso se me pasó el frío) y se me acercó una enfermera porque me vio retorcerme.
-Enfermera agradable: ¿Te pongo algo? ¿Llamo a la doctora?

-Yo: No hace falta, esto me pasa siempre.
-Enfermera agradable: ¿Siempre que te desmayas?
-Yo: No, siempre en mi vida diaria.
Al final me soltaron a mediodía.
-Doctora Dña Susceptible: Te voy a hacer el informe, el análisis está bien. ¿Quieres algo de comer, tienes hambre?
-Yo:
No creo que tengan nada que pueda tomar yo.
-Doctora Dña Susceptible: ¿Quieres un vaso de leche?
-Yo:
No puedo tomar leche, soy alérgica.
-Doctora Dña Susceptible: ¿Y un bocadillo?
-Yo:
Soy alérgica a todo, creo que ya se lo expliqué antes, por el HANA. No creo que haya nada en el hospital que me puedan dar. -Doctora Dña Susceptible: ¿Qué puedes tomar? ¿Un vaso de agua?
-Yo:
No puedo tomar agua, me sienta mal. ¿Tienen plátano?
-Doctora Dña Susceptible: No.
-Yo:
Pues entonces nada. 
-Enfermera antimantas:
¿Y entonces qué comes?
-Yo:
Arroz, pollo, jamón, pescado... el pan y la repostería me los hago yo, pero como arroz casi todos los días.
-Enfermera antimantas: Hija, qué aburrimiento.
-Otra enfermera:
Eso es que tus padres te hicieron sin ganas.
-Enfermera antimantas: ¿Es que venías sin tiket? Lo mismo por eso no te pudieron descambiar...

Las enfermeras cogieron carrerilla mientras me daban el alta (¡Bendito alta! aunque tuve que suplicarle a la doctora casi de rodillas que especificara que era una urgencia vital y que había ingresado en ambulancia, que ya me ha ocurrido otra vez que por no poner eso, la compañía me hizo pagar a mí la noche en el hospital... brrr).

Fuera estaban esperándome casi toda la gente con la que he ido a Candelario, y Ali, Carlos y David al final se quedaron conmigo a comer para asegurarse de que no me volvía a pasar nada. Me animaron la tarde enseñándome fotos de otros años y viendo vídeos chorras, por lo que no tuve mucho rato para darle vueltas a la cabeza.

Me sentía un poco rara, por una parte tenía una mezcla de vergüenza, preocupación y malestar por lo que había pasado por la mañana, pero por otra parte me reconfortaba -y mucho- el haber visto el apoyo y el cariño que me habían demostrado mis amigos, cuando hace apenas un mes que nos conocemos.

Pero luego sí que tuve tiempo para pensar...

Llevo dos semanas como con las pilas descargadas. Algo pasó ese día que me ha dejado hecha polvo. No tengo energías para nada. Incluso subir unas escaleras me marea, y me tengo que parar cada pocos escalones, como las viejecillas.

He ido al médico de cabecera, que me ha pedido una analítica (en la que por supuesto no me ha salido nada -va y me dice "Bueno, hay que alegrarse de que no te ha salido nada positivo, eso descarta muchas cosas" y yo pensando en que lo que más quiero ahora es que me salga algo positivo, para poder solucionar esto de una vez!) y me vuelve a mandar a la ronda de siempre: neurólogo, internista, cardiólogo, y un laaaargo etc... Os apuesto lo que queráis a que repetimos lo que hace 12 años que me están buscando y no van a encontrar nada.

Como decía mi querida abuela Celina, voy a morir en perfecto estado de salud. No me pasa nada, pero me pasa todo. ¿Me desmayo y me dan convulsiones? Bueno, pero estate tranquila, que lo tienes todo bien, en los análisis no sale nada raro.

¿Y entonces?

Lo único que parece que está mereciendo la pena son las experiencias que estoy viviendo, vivir sola, la gente que estoy conociendo... Además, el máster se ajusta a mis expectativas. Lo que no lo hace es mi estado de salud, que hace que sea un martirio levantarse por las mañanas y arrastrar el culo 800m hasta la facultad (tardo 10 minutos andando... y se me hacen eternos) y aguantar allí toda la mañana y muchas tardes.

Las clases son interesantes, me encantan casi todas las asignaturas... pero me estoy echando a temblar ahora que empiece a salir a muestrear para el TFM al monte, a hacer censos de arrendajos en el bosque, colocar cámaras trampa, etc... ¡Quiero aguantar! ¡Quiero que mi cuerpo me siga a donde quiero ir! ¡Quiero vivir de una manera normal, sin asustar a la gente cuando hago un esfuerzo que para los demás es perfectamente asumible!

No quiero ser la pupas, la hipocondríaca, la que se observa demasiado, la que pone excusas para todo, la que siempre está mala, la floja, la rara, la quejica, la carga... No quiero. Me niego en redondo. Antes muerta que sensilla.

Y cada vez que escucho a alguien llamarme así me arden las entrañas. 

¿Qué me queda? ¿No decirle a la gente que no voy porque estoy con una crisis? ¿Esperar a caerme redonda en medio del bosque, o de la clase? ¿Exprimir mis fuerzas al límite, hasta que mi cuerpo no dé más de sí?

domingo, 16 de septiembre de 2012

¡Ya estoy en Salamanca!


Primera noche sola en la nueva ciudad. El piso ya está limpiado (entre mis padres, la Muy y yo le hemos dado un buen flete), la ropa guardada y la cena cenada. 

¡Deseadme suerte!

jueves, 23 de agosto de 2012

¿Me voy a Salamanca?

Recuerdo la primera nevera que tuvimos. Ya era vieja cuando yo nací. Me acuerdo de que mis padres tenían que ponerle un cerrojo para que Cachiri, una gata loca que teníamos por entonces, no la abriera.
Cachiri
Recuerdo que cuando nos mudamos del piso de Granada a la casa de Armilla, mi madre se la vendió a un vecino. Yo apenas tenía 4 años. Vi todo el proceso. El hombre le dio el dinero a mi madre en la cocina, ya sin muebles, y se llevó la nevera. Y comprendí que el dinero era necesario para conseguir cosas, que no era un simple juego de cambiar papelitos y monedas de colores.

-Mamá, ¿la universidad cuesta dinero? -le dije en el eco de la cocina vacía. 
Yo, con cuatro años, poco antes de mudarnos

-Sí, mucho. 

-¿Y tenéis dinero suficiente para que yo vaya a la universidad? 

Yo acababa de cumplir cuatro años y ya tenía claro que quería ser universitaria. 

-No te preocupes por eso, hija. Ya lo tendremos. Y si no, haremos un gran esfuerzo. Pero no te vas a quedar sin ir a la universidad.

-¿Aunque tengáis que quedaros pobres? 

-Aunque tengamos que quedarnos pobres.

Aquella conversación la he recordado toda la vida. Me admiró la última frase, el compromiso y la entrega de hacer todo lo posible para que yo pudiese ir a la universidad. 

Mi graduación
Ya soy universitaria: he terminado mi licenciatura de biología, aunque en los tiempos que corren, no es nada especial. Yo pensaba que ir a la universidad era la mayor aspiración, y que sería algo que me abriría las puertas a un buen trabajo. 

Ahora además de una carrera, se hace necesario un máster. En los años de universidad la suerte me ha sonreído bastante: aunque no todos los años he conseguido beca,en casa ha habido dinero para estudiar. Para irme a Granada conseguí una beca Séneca por mis notas, que era suficiente como para que mis padres apenas notaran la diferencia. 

Este año, para qué engañarnos, la cosa está muy chunga. Mis padres son empleados públicos, y por tanto, en el último año el dinero que entra en casa se ha reducido un 20%. Además, tengo un hermano que no se decide por el camino a seguir y una hermana en el instituto, a lo que hay que añadir mis múltiples alergias alimentarias, que implican un importante gasto en productos especiales, horno, aparatos... 

Voluntariado en Doñana
(1º y 2º de carrera)
Voy a cumplir 25 años y mis únicos ingresos son las esporádicas bodas a las que voy a cantar de vez en cuando, por tan poco dinero que casi es gastos pago. Tengo un gran currículum, y muy coherente, pues además de estudiar mis cinco años de carrera, me he movido, he trabajado en varios departamentos de varias universidades, he hecho montones de cursos, he asistido a congresos, he presentado un par de artículos científicos, he conocido y me ha conocido gente importante... y me veo con una mano delante y otra detrás. 

En tiempos de poco trabajo toca estudiar, me dijeron. Salamanca se me hace la única opción (en la UEx las carreras está bien, pero los másteres de ciencias son de juguete). ¿Van a tener que quedarse pobres en mi familia para que yo pueda hacer el único máster de toda España que me interesa? Vivir fuera es muy, muy caro, y todos sabemos que los umbrales de las becas están muy bajos y las becas se han reducido muy mucho.

Empezaré el curso con la duda de si podré acabarlo. No tenemos más neveras que vender.

jueves, 21 de junio de 2012

Epilobium hirsutum o cómo acabar una carrera en el último segundo.

¿Veis esta florecita tan mona? ¿La veis? ¿Sí? Pues miradla otra vez...



Esta es una de las dos plantas que me cayeron ayer en mi último examen de la Licenciatura de Biología. ¡Lo que me hizo sudar! Y eso que parecía simpática, la tía.


Medicago sativa (alfalfa)
El examen práctico de Introducción a la Experimentación en Botánica consistía en determinar dos plantas en 45 minutos. 


Legumbre retorcida característica de Medicago sativa


La familia de una de ellas la habríamos visto en prácticas, y la otra no. La que ya habíamos visto era Medicago sativa (una alfalfa en flor, preciosa la muchacha, con sus florecitas papilionáceas moraditas y sus legumbres retorcidas que parecían pendientes, toda tiesina y graciosa) y la otra era esta flor rosa que me tuvo en jaque 40 de los 45 minutos. 

Yo seguí la clave, pero no tenía muy claro si los pétalos estaban soldados en la base o no... parecía que sí. Conté 5 pétalos y 8 estambres (4+4, en dos ciclos) y me pareció raro (porque pétalos y estambres suelen tener el mismo múltiplo). Me pasé todo el tiempo pensando que eran 5 pétalos. Y las descripciones de las plantas a las que llegaba no me convencían del todo... había cosas que encajaban, pero otras no. 

Cumplió el tiempo y yo seguía perdida... ¡Mira que si voy a septiembre por una puñ.....ra planta que parecía hasta simpática! Y era mi examen ultimiso. Si aprobaba, acababa la carrera. Y la profesora avisando que había cumplido el tiempo y que por bondad nos daba 5 minutos más porque nadie había acabado. 

En esos 5 minutos se me encendió la bombilla. Volví a contar los pétalos -¡eran 4, me había equivocado contando pétalos! No me lo podía creer... y además estaban libres... p'haberme matao-, seguí rápidamente la clave hasta la familia. No me sonaba de nada, después de todo el año estudiando plantas ¡manda huevos!. Había llegado a Onagráceas. Dentro de la familia, había que encontrar género y especie. ¡Por fin me cuadraban las cosas! 

Ahora sí... ¡Epilobium hirsutum!
Estigma tetralobulado, hojas sin peciolo, herbácea, con tallos cilíndricos, más o menos pubescente, hojas opuestas semiamplexicaules, lanceoladas, agudas y denticuladas. Flores hermafroditas y actinomorfas, TETRÁMERAS, pétalos rosados-purpúreos............Epilobium hirsutum.

Justo cuando pongo el género y la especie, la profesora nos mandó dejar de escribir. No sabía cómo, pero estaba segura de lo que había escrito, después de casi una hora de deambular sin rumbo entre las claves de determinación.

Y como estaba segura de haber acertado con la plantita de las narices (ya en la vida no se me olvidará la Onagrácea esta...), estaba segura de que había acabado la carrera. En cuanto salga la nota y cierre el expediente se puede decir que soy una Licenciada en Biología (y al que mente a la Obregón sale por patas del blog). Bueno, qué digo, eso es puro trámite. Ya soy una Licenciada. Ya no tengo más exámenes. He acabado la carrera.


Esa misma noche, Mugen me preguntó que qué sentía al haber acabado la carrera. Me asusté. No siento nada. Ni alegría, ni tristeza. Es gris. No es indiferencia. Siento "grisedad". Estoy al borde del precipicio. No sé qué va a ser de mí en los próximos meses. 

Tengo planes, claro. Pero son planes que necesitan una ayudita. Y tampoco los tengo megaclaros. Me encantaría irme a estudiar a Salamanca un máster que se llama "Biología y Conservación de la Diversidad", que es precioso (y que, sinceramente, de los másteres ofertados en España por universidades públicas, es el único uniquísimo que me atrae). Pero no sé si me van a dar beca. Y sin beca, no hay posibilidades de poderme ir a Salamanca un año. Y no puedo irme a estudiar fuera de España: necesito un Mercadona cerca de mi casa para vivir. También estoy pidiendo todo lo que se me ponga por delante en España (que dadas las circunstancias no es mucho), micro, bioquímica, ¡hasta genética!. Pero no creo que salga nada de aquí...

Por otra parte, está Mugen. Sé lo que sufre cuando yo no estoy cerca. Y tengo que admitir que yo también lo extraño mucho. Yo tenía claro que nada me iba a impedir desarrollar mi vocación biológica. Decidí irme a Granada porque era bueno para mi carrera (y para mi salud mental... un año seguido más en el gheto extremeño y me tienen que llevar al Manicomio de Mérida...) y me fui, a pesar de los pesares. A pesar de la distancia, la mala comunicación (volví a casa 4 veces durante el curso, mientras otros podían irse cada dos o tres semanas a sus pueblos porque el tren o el bus llegaba bien hasta allí...), los problemas y el estrés cada vez mayor con las compañeras de piso, los profesores con pedestal y el nivel de exigencia y de intolerancia del profesorado granadino en general, y a pesar de que me traje una enfermedad de allí que hizo que mis padres tuvieran que venir a por mí después de perder el 10% de mi peso comiendo natillas durante un mes, una enfermedad que aún no es considerada como tal ni se sabe siquiera si lo es... A pesar del dolor de la distancia, me fui, porque era bueno para mi carrera.



Ahora me pregunto si debería empezar a ceder. ¿Debo quedarme en Badajoz, aunque las perspectivas académicas sean nulas? Aquí no hay trabajo para una bióloga. Ni para una pastelera sin gluten, o una cocinera de televisión. Ni para prostituirse musicalmente, o dando clases particulares por menos dinero que una limpiadora friega las escaleras de los pisos. Que no es por meterme con las limpiadoras, pero yo he invertido mucho tiempo y mucho dinero en la formación que tengo, gracias a la cual puedo explicar a los niños de las clases particulares lo que me piden. Y aun así la madre reniega cada vez que toca pagar, relatando por lo bajo que espera que ese dinero sea una buena inversión, que su niña tiene que sacar nota, y que hay que ver lo caro que está todo, y bla, bla, bla...

En Salamanca puedo conocer gente nueva. Gente que tiene una línea de investigación por cada una de las asignaturas del máster. Hoy he ido a despedirme del Pajarero, de Peter-Houser y del departamento de Zoología. Les he dicho que he acabado la carrera. Me han contestado que qué bien. Les he preguntado si hay perspectivas de futuro es esta universidad, proyectos, lo que sea. La respuesta ha sido un NO rotundo. El departamento de Zoología de la UEx está pegando sus últimos coletazos. Si ya estaba moribundo cuando yo entré en la carrera, ahora ya está dando las últimas "boqueás". 

Si yo fuera solo yo, me iría a Australia, o a Chile, de donde me llegan muchas ofertas de trabajo. Pero yo soy yo y mis circunstancias. Tengo un novio que me completa y que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Y tengo una limitación con la comida y la salud que no me permite irme muy lejos. La facilidad con la que me pongo enferma es muy superior a la media. Me da más miedo encontrar trabajo que no encontrarlo, porque si lo encuentro, y la mitad de los días voy a estar "derrengá" por la histaminosis o lo que quiera que me pase, no duro más de dos telediarios.

Me imagino que esto es la depresión post-parto. El vacío que parece que se abre bajo tus pies cuando llegas a la "cruda realidad".
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